
¿Te imaginas a un agente federal, de esos con placa y gafas de sol, patrullando una manifestación con una máscara de terror? No, no estamos hablando de una película de serie B, sino de una pregunta muy real que la gente de MuckRock se atrevió a plantear al mismísimo Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de Estados Unidos. Y la respuesta, o la falta de ella, es para enmarcar.
Todo empezó cuando MuckRock, una organización que se dedica a destapar trapos sucios del gobierno mediante solicitudes de la Ley de Libertad de Información (FOIA), preguntó a la DHS si, durante las protestas del movimiento Occupy en Portland, Oregón, sus agentes federales habían estado «luciendo disfraces, incluyendo específicamente ‘máscaras de terror’, y/o uniformes de paisano para interactuar u observar a los manifestantes». Imagina la escena: en lugar de los típicos uniformes o ropas discretas, un tipo con una careta de Screamer o de Jason Voorhees apuntando datos en una libreta. Surrealista, ¿verdad?
Pues bien, la respuesta de la DHS no fue un «no, por supuesto que no, ¿qué tontería es esa?» ni un «sí, es parte de nuestra estrategia de intimidación psicológica» (¡que hubiera sido aún mejor para el chismorreo!). En su lugar, el DHS optó por una respuesta «Glomar». Para los no iniciados en la jerga burocrática, una respuesta Glomar es básicamente un «ni confirmo ni desmiento la existencia de tales documentos». Es decir, no te dicen si tienen registros sobre agentes con máscaras de terror, porque, según ellos, el mero hecho de confirmar o negar su existencia podría revelar «técnicas y procedimientos policiales» o «fuentes y métodos» que son información sensible.
Así que, en otras palabras, la DHS nos ha dejado con la miel en los labios y la intriga por las nubes. ¿Significa esto que sí, que tienen un almacén lleno de máscaras de Halloween para sus operaciones encubiertas? ¿O es simplemente una manera muy formal de decir «no es asunto tuyo, y punto»? La verdad es que la negativa a responder no hace más que alimentar las teorías y las carcajadas. Parece que el humor negro también tiene cabida en los manuales de seguridad nacional, aunque sea de forma involuntaria. ¡Menuda jugada maestra para mantener el misterio!
