Una cárcel de Florida tiene zoo y los expresos vuelven de visita

Bajo la cárcel del condado de Monroe, en los Cayos de Florida, viven un capibara, un emú y un avestruz. Los cuidan presos que luego vuelven de visita…

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Bajo la cárcel del condado de Monroe, en los Cayos de Florida, viven un capibara, un emú y un avestruz. Los cuidan presos que luego vuelven de visita…

Imagina que sales de la cárcel y, tiempo después, vuelves por tu propio pie. Con tu familia. Y un domingo. Eso es lo que hacen algunos expresos del centro de detención del condado de Monroe, en Stock Island, a un paso de Cayo Hueso (Key West), en los Cayos de Florida: regresan para visitar a los animales que cuidaron mientras cumplían condena.

La explicación es tan sencilla como surrealista: debajo de esa cárcel, que está levantada sobre pilotes, funciona desde 1994 una granja-zoo con más de un centenar de animales rescatados, entre ellos un capibara, un emú, un avestruz y un kinkajú. Y quienes los alimentan y limpian sus recintos son un pequeño grupo de reclusos.

¿Cómo acaba una cárcel con un zoo debajo?

Por culpa de unos patos. Según cuentan The Guardian y ClickOrlando, unos patos que cruzaban la carretera entre la cárcel y un campo de golf eran atropellados por los coches, así que un ayudante del sheriff decidió reubicarlos con ayuda de varios presos en el hueco que quedaba bajo el edificio. Ese hueco existe porque la cárcel se construyó elevada, al estar en una zona de huracanes.

Se corrió la voz y la gente empezó a llevar animales que no podía o no quería tener. Uno de los primeros fue un caballo ciego que habían abandonado en la zona de Miami. Hoy, todos los inquilinos son animales abandonados, maltratados, decomisados o donados.

¿Quién vive en el zoo de la cárcel?

La lista parece sacada de un arca de Noé con antecedentes:

  • Simon, un capibara que, según la CBS, es probablemente el vecino más popular (si te gustan estos roedores, ya sabes que los capibaras se cuelan hasta en los parlamentos).
  • Kramer, un emú que comparte nombre con el vecino más famoso de Seinfeld. Nada que ver con los emús fugados de Santa Cruz: este, de momento, sigue en su sitio.
  • Jack, un avestruz, y Thunder, un cebú.
  • Un kinkajú, armadillos, zorros, cabras, burros, boas y una buena colección de aves.

La granja abre al público el segundo y el cuarto domingo de cada mes, con entrada gratuita y donativos voluntarios.

¿Por qué los presos quieren volver?

Porque para ellos la granja es un respiro. Jeanne Selander, la responsable del zoo, contó a la emisora WLRN que la mayoría de los reclusos que trabajan con los animales bajan también en su día libre para no quedarse arriba. Un preso que trabaja ahora allí, Nicholas Sheldrake, resumió a The Guardian el plan: «Hace que el tiempo se me pase rápido. Nadie me molesta».

El sheriff del condado, Rick Ramsay, lo explicaba así a la CBS en 2024: «Los animales no los juzgan. Se alegran de verlos».

«Uno de los mayores cumplidos es que los presos quieran volver de visita. Qué cumplido. ¿Quién quiere volver a la cárcel?» — Jeanne Selander, a The Guardian

La respuesta, por lo visto, es: quien tenga un capibara esperándole. No es el único caso de una cárcel que atrae visitas voluntarias: en Japón ya se puede dormir en una antigua prisión convertida en hotel de lujo. Pero ahí no te recibe un emú.

Vía The Guardian, CBS Miami, WLRN, ClickOrlando y Reptiles Magazine.

Imagen de portada generada con IA.