Las cinco letras que evitan los nombres de los medicamentos

Omeprazol o atorvastatina no suenan raro por casualidad: hay un manual de nomenclatura que pide esquivar la H, la J, la K, la W y la Y…

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Omeprazol o atorvastatina no suenan raro por casualidad: hay un manual de nomenclatura que pide esquivar la H, la J, la K, la W y la Y…

Omeprazol. Atorvastatina. Sildenafilo. Palabras que no significan nada en ningún idioma y que, de tanto leerlas, se vuelven todavía más raras. Alguien las inventó con un manual delante: suenan a Scrabble, pero son justo lo contrario.

El nombre genérico de un medicamento no lo elige el laboratorio que lo fabrica, sino un comité, y las guías de nomenclatura piden esquivar cinco letras: la H, la J, la K, la W y la Y. El objetivo: que ese nombre se pronuncie igual en Tokio, en Albacete y en Nairobi.

¿Por qué los nombres de los medicamentos esquivan la H, la J y la K?

Las guías del USAN Council, que bautiza los genéricos en Estados Unidos, son explícitas: evitar la h, la j, la k y la w, y usar «i» en lugar de «y». La Organización Mundial de la Salud, que gestiona las Denominaciones Comunes Internacionales, pide evitar la h y la k con el mismo argumento: facilitar la traducción y la pronunciación.

La lista sigue: nada de empezar por «me», «str», z o x; fuera consonantes dobles y vocales seguidas; y una sola palabra de cinco sílabas como mucho. Tampoco valen los prefijos que insinúen que el producto es «mejor», «más nuevo» o «más eficaz», ni los nombres que sugieran al paciente algo anatómico o terapéutico.

Eso sí, son recomendaciones, no prohibiciones: risankizumab lleva una k y ahí sigue.

¿Qué significa la terminación de omeprazol o de atenolol?

El final del nombre —el stem— no es relleno: dice a qué familia pertenece el fármaco.

  • -prazol: antiulcerosos derivados del benzimidazol, como el omeprazol o el pantoprazol.
  • -olol: betabloqueantes, del tipo del propranolol o el atenolol.
  • -tinib: inhibidores de la tirosina quinasa, como el imatinib, usado en oncología.
  • -mab: anticuerpos monoclonales… hasta hace poco.

El último tiene truco: en 2021 la OMS retiró el sufijo -mab para los anticuerpos nuevos y lo repartió en cuatro terminaciones, -tug, -bart, -mig y -ment. Los ya bautizados conservan el suyo.

¿Quién decide el nombre de un medicamento?

Del genérico se ocupan dos organismos que deben pactar entre sí y con la empresa que ha desarrollado el fármaco: el USAN Council —copatrocinado por la American Medical Association, la United States Pharmacopeial Convention y la American Pharmacists Association— y el grupo de expertos en Denominaciones Comunes Internacionales de la OMS. Sin acuerdo, no hay nombre.

Cuando el consenso falla pasa lo del paracetamol: en casi todo el mundo se llama así y en Estados Unidos, acetaminophen. Mismo principio activo, dos genéricos.

El nombre comercial va por otra ventanilla: en Estados Unidos lo revisa una división de la FDA dedicada a prevenir errores de medicación. En 2005 la FDA revisaba unos 400 nombres comerciales al año y rechazaba en torno a un tercio; no ha publicado una tasa actualizada. En España, la guía de la AEMPS exige que el nombre no induzca a error sobre la composición ni sobre las propiedades terapéuticas.

Que no se parezca a nada, que no prometa nada y que se pronuncie en cualquier idioma. Con esas tres condiciones, «omeprazol» ya no suena tan mal.

Queda el mejor detalle: ese manual solo rige para el genérico. La marca comercial juega en otra liga y con otro revisor. Por eso upadacitinib cumple el reglamento al milímetro y Rinvoq, la marca del mismo fármaco, se permite acabar en una q suelta, impensable en un genérico. Como el sirope de chocolate, que salió de una botica y acabó en la heladería.

Vía Neatorama. Fuentes: guías del USAN, lista de stems, principios de la OMS, anticuerpos monoclonales (OMS, 2021), FDA Consumer (2005) y guía de la AEMPS.