Cómo la CIA desmontó una sonda lunar soviética en una noche

En 1959, la CIA tomó prestada de noche una nave del programa lunar soviético, la desmontó para fotografiarla entera y la devolvió a su cajón al amanecer…

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En 1959, la CIA tomó prestada de noche una nave del programa lunar soviético, la desmontó para fotografiarla entera y la devolvió a su cajón al amanecer…

Imagina que te dejan a solas una noche con la joya tecnológica de tu mayor rival, con permiso para destriparla entera… siempre que amanezca en su sitio y nadie note que la tocaste. No es el guion de una peli de espías: le pasó de verdad a la CIA en 1959.

En 1959, un equipo de la CIA se hizo de noche con una nave del programa lunar soviético que viajaba por una exposición itinerante, la desmontó para fotografiarla al detalle y la devolvió a su cajón de embalaje al amanecer, sin que la Unión Soviética llegara a enterarse. La historia la contó la propia agencia en un informe interno que permaneció clasificado durante décadas.

¿Qué robó exactamente la CIA?

La estrella de la exposición era un Lunik, el nombre con el que en Occidente se conocía a las sondas lunares soviéticas de la serie Luna. Moscú las paseaba por ferias internacionales para presumir de su ventaja en la carrera espacial, y daba por hecho que solo enseñaba maquetas huecas.

La CIA sospechaba otra cosa. Al inspeccionarla confirmó que no era una cáscara vacía: era un modelo de producción real, con sus depósitos, soportes y sistemas auténticos, y las marcas de fábrica de un aparato de verdad. En otras palabras, los soviéticos estaban exhibiendo sin querer un manual de instrucciones de su propia tecnología.

¿Cómo lo hicieron en una sola noche?

El plan fue digno de las artimañas de la Guerra Fría. Según el relato desclasificado, los agentes aprovecharon el traslado nocturno de la sonda —que viajaba embalada camino de la estación de tren— para desviar el camión a un lugar discreto y entretener a su conductor lejos del cargamento.

Allí, a cubierto, accedieron al interior del cajón e inspeccionaron y desmontaron la sonda en buena parte sin llegar a sacarla del todo, la fotografiaron y anotaron cada marca y número de serie. El sello soviético que precintaba el embalaje tuvieron que romperlo, así que falsificaron una copia esa misma noche y la colocaron al recomponerlo. Después devolvieron el cargamento a su ruta de madrugada y, a la mañana siguiente, siguió camino como si nada.

¿Por qué aquella noche valía oro?

Con esas fotografías, los analistas estadounidenses pudieron deducir quién fabricaba cada pieza y cómo, y con ello capacidades del programa espacial soviético que de otro modo eran un secreto de Estado. Todo, sin disparar un tiro ni dejar una huella.

El episodio quedó recogido en un artículo titulado The Kidnapping of the Lunik, firmado por el oficial Sydney Finer para la revista interna de la CIA Studies in Intelligence. El texto siguió siendo secreto hasta que se desclasificó en 1995. La CIA nunca reveló oficialmente en qué país ocurrió, aunque investigaciones posteriores lo situaron en Ciudad de México.

Casi setenta años después, sigue siendo una de esas historias de espías que superan a la ficción: la vez que el mayor secreto del enemigo pasó una noche entera desmontado a escondidas… y volvió a casa sin que nadie lo notara.

Vía Space.com, a partir del informe desclasificado de la CIA.