Imagina estar en la otra punta de un estudio de radio y que un señor de 58 años abra la boca y suelte un alarido tan potente como un avión despegando. Eso es exactamente lo que hizo Joseph McGrail-Bateup, vecino de Canberra (Australia), para colarse en los libros de récords.
Gritó una sola palabra —now («ahora»)— y el sonómetro marcó 122,4 decibelios. Con esa cifra, Guinness World Records lo ha coronado oficialmente como la persona más ruidosa del mundo.
Siete intentos para una sola palabra
El registro no salió a la primera. McGrail-Bateup necesitó siete intentos hasta clavar el grito perfecto, medido el 2 de mayo en un estudio de radio de Canberra por un ingeniero acústico y ante testigos, tal y como exige Guinness para dar por bueno un récord.
Y no es un gritón improvisado: además de limpiar aires acondicionados para ganarse la vida, ejerce de pregonero honorario de Canberra desde 2017, donde le llaman «Lord Joseph». La voz, digamos, la tiene rodada.
«Me costó siete intentos para una sola palabra, que fue now. No hay forma de ensayarlo: tienes que guardártelo todo para el día.»
Para hacerte una idea de la barbaridad: 122 decibelios es el nivel de una motosierra, una sirena de ambulancia pegada a la oreja o un reactor en pleno despegue. Todo eso, saliendo de un único par de pulmones.
Adiós a un récord de tres décadas
Con su hazaña, el australiano destrona una marca que llevaba intacta desde 1994. La ostentaba Annalisa Flanagan, una maestra de Irlanda del Norte que alcanzó los 121,7 decibelios… gritando la palabra quiet («silencio»). Sí: el récord lo tenía alguien cuyo oficio era mandar callar.
McGrail-Bateup, eso sí, se lo toma con deportividad y ya avisa de que no piensa aferrarse a la corona.
«Si alguien me supera, fantástico. Los récords están para romperse.»
Mientras tanto, en Planeta Zapping seguimos coleccionando hazañas imposibles: hemos visto a alguien endurecerse las palmas hasta los 8 centímetros a base de golpes, a un cerdo que patina y tiene su propio récord Guinness e incluso un coche de LEGO a tamaño real batiendo marcas de velocidad. Lo del grito, eso sí, se oye desde bastante más lejos.
Vía ABC News (AP).

