
Imagínate la escena: es una mañana cualquiera en la oficina, el repartidor de mensajería llama a la puerta y te deja un envío gigantesco. La curiosidad te invade al instante. ¿Será el nuevo mobiliario? ¿Un regalo corporativo de algún cliente muy agradecido? Nada más lejos de la realidad. El destino le tenía preparada a una desafortunada empresa una de las sorpresas más escatológicas y pestilentes de la historia: un cargamento con más de 270 kilos (600 libras) de auténticas heces humanas.
El regalo que absolutamente nadie pidió
Aunque los detalles exactos sobre el remitente siguen siendo un absoluto misterio, el mero hecho de que un paquete de semejantes dimensiones lograra atravesar todos los controles logísticos para acabar en la puerta de un negocio roza lo incomprensible. Recibir correspondencia comercial no deseada es un fastidio cotidiano en cualquier empresa, pero esto lleva el concepto de correo basura a un nivel completamente literal y nauseabundo.
Las preguntas que surgen de inmediato ante tal situación son, como poco, inquietantes:
- ¿Cómo se empaqueta una cantidad tan masiva de materia fecal sin que nadie en la cadena de transporte dé la voz de alarma por el espantoso olor?
- ¿Se trata de una broma pesada de proporciones épicas planificada por un enemigo acérrimo, o de un catastrófico error de una empresa de gestión de residuos biológicos?
- ¿Qué cara se le debió quedar a la persona de la recepción cuando firmó inocentemente el albarán de entrega?
Un problema logístico de 270 kilos
Deshacerse de casi 300 kilos de excremento humano no es tan sencillo como tirar el embalaje al contenedor azul de la esquina. Implica contactar con servicios de limpieza especializados, lidiar con las estrictas normativas sanitarias de residuos biológicos y, sobre todo, proteger la salud pública del entorno de trabajo. Sea quien sea el cerebro detrás de este misterioso envío, desde luego consiguió su objetivo si lo que pretendía era paralizar por completo la productividad de esa oficina (y obligar a ventilar a fondo durante semanas).
«A veces la realidad supera con creces a la ficción, especialmente cuando el argumento huele tan sumamente mal.»
En definitiva, la próxima vez que te quejes de que tu jefe te ha mandado un correo a última hora del viernes o de que la máquina de café se ha vuelto a estropear, consuélate un poco. Al menos, tu jornada laboral no ha empezado lidiando con un palé de 270 kilos de caca en la puerta. ¡Una de esas cosas extravagantes que parecen un chiste de mal gusto pero que suceden de verdad!
