
El plan maestro (y delirante) de Ryan Frost
A veces la realidad supera a la ficción, y el caso de Ryan Frost, un tejano de 36 años, es un claro ejemplo. Este peculiar personaje ha acabado frente al Tribunal Superior de Belfast tras ser acusado de falsedad documental y fraude. Pero lo más llamativo no son sus delitos, sino el motivo detrás de ellos: Frost quería reclamar una supuesta herencia millonaria para financiar nada menos que un ejército privado.
¿El objetivo de sus tropas? Invadir los Estados Unidos y recuperar el control del país para entregárselo a la reina Isabel II. Un plan sin fisuras, salvo por un pequeño detalle que el juez McAlinden no dudó en señalar durante el juicio:
«Esto fue, obviamente, después de que la reina Isabel lamentablemente falleciera»
.

Un caos administrativo en los tribunales
Frost, que actualmente solicita asilo en Irlanda del Norte, trajo de cabeza al personal de los Reales Tribunales de Justicia. Durante dos meses, presentó una serie de autos judiciales falsos, llegando a demandar a un abogado estadounidense porque, según él, le había estafado los ingresos de una herencia familiar con la que pretendía pagar a sus futuros soldados.
En una de sus surrealistas comparecencias, Frost sacó de su chaqueta un documento con un sello, afirmando que le otorgaba jurisdicción total y exigiendo al juez que acatara sus órdenes. El momento fue tan tenso que los guardias de seguridad se prepararon para lo peor pensando que iba a sacar un arma. «Fue una experiencia interesante», recordó el magistrado con cierta ironía británica.
¿Un genio incomprendido o simplemente «wacky»?
A pesar de la extravagancia de sus intenciones, las evaluaciones psiquiátricas han determinado que Frost está completamente sano. De hecho, la fiscal Charlene Dempsey lo describió como una persona inteligente, sin indicios de psicosis o trastornos de la realidad. Su propio abogado defensor reconoció que no había forma de maquillar las «declaraciones estrafalarias y raras» de su cliente, pero argumentó que se trataba de un comportamiento ingenuo producto de sentirse un extraño en un país ajeno.
Finalmente, el juez le concedió la libertad bajo fianza, reconociendo su derecho a tramitar su solicitud de asilo. Al fin y al cabo, aunque su comportamiento es administrativamente caótico, no ha hecho daño físico a nadie. Eso sí, para evitar más disgustos, le han prohibido estrictamente poseer sellos o tampones de tinta y tiene vetada la entrada a los tribunales. Parece que la invasión de Estados Unidos tendrá que esperar.
