En 1998, un matrimonio de Illinois levantó una torre de casi diez metros y 5.000 ladrillos para sus cabras. Y aún no tenían ni una sola cabra…
Imagina que un día decides levantar una torre de ladrillo de casi diez metros en mitad del campo. ¿El motivo? Que tus cabras tengan dónde trepar. Solo hay un pequeño detalle: todavía no tienes ni una sola cabra.
Eso es justo lo que hicieron David y Marcia Johnson en 1998, en una granja cerca de Findlay, en el estado de Illinois. El resultado es la llamada Tower of Baaa (algo así como «la torre del beee»), una estilizada columna de ladrillo por la que sus animales suben y bajan tan tranquilos.
Una torre inspirada en una foto de una revista
La idea nació de la forma más inesperada. Los Johnson vieron la foto de la famosa torre para cabras de Fairview, una bodega de Sudáfrica, en una revista de vinos y quedaron tan prendados que decidieron construir la suya propia. Daba igual que por entonces no criaran ni una cabra.
Para la obra contaron con el albañil Jack Cloe, que colocó a mano los 5.000 ladrillos y los 276 escalones de hormigón que forman la rampa interior en espiral. Dos años después, en 2000, los Johnson por fin compraron once cabras de raza Saanen, originaria de Suiza, para estrenar el edificio.
Por qué construir un rascacielos para cabras
Porque a las cabras les encanta trepar. Es puro instinto heredado de sus antepasados salvajes, que buscaban las alturas rocosas para vigilar a los depredadores y llegar a la mejor comida. Dales una estructura vertical y la colonizan encantadas, tomando el sol en cada repisa como si fuera una terraza con vistas.
Las torres para cabras son una auténtica rareza y apenas existen en un puñado de sitios del mundo, empezando por la pionera sudafricana. La de Illinois se ha convertido en una parada de carretera de culto, con visitantes llegados de medio mundo solo para ver a los animales hacer cumbre.
Cinco mil ladrillos, 276 escalones y casi diez metros de altura. Todo para que unos rumiantes suban a tomar el sol.
Si te van los edificios que desafían el sentido común —desde pirámides donde vive gente hasta inventos rurales de lo más peculiar—, esta torre merece un hueco en tu lista. Al fin y al cabo, pocas cosas resumen mejor el cariño por unos animales que gastarse una fortuna en ladrillos por unas cabras que ni siquiera habías comprado todavía.
Vía Atlas Obscura.




