Persecución Real: 20.000 abejas y un coche con secretos dulces

Persecución Real: 20.000 abejas y un coche con secretos dulces
Carol Howarth vivió una aventura única cuando 20.000 abejas persiguieron su coche durante dos días en Gales. La razón: su reina se había quedado atrapada dentro del vehículo. Tras una primera intervención de apicultores, el enjambre regresó, demostrando una lealtad sorprendente por su majestad.
0
0

Imagina la escena: un día cualquiera, vas a hacer la compra, dejas el coche aparcado y, al volver, ¡zas! Tu vehículo está más poblado que una playa en agosto, pero en vez de toallas y sombrillas, lo que hay son 20.000 abejas zumbando como si les fuera la vida en ello. Pues esto no es un mal sueño, sino la surrealista experiencia de Carol Howarth en un aparcamiento de Tesco en Haverfordwest, Pembrokeshire, Gales.

Nuestra protagonista, Carol, volvió de sus compras un domingo cualquiera para encontrarse con su Mitsubishi Outlander completamente cubierto por un gigantesco enjambre de abejas. ¿Alguien ha dicho «táper de miel»? Porque aquello parecía una invasión planificada. En un primer momento, se lo tomó con calma (o eso dijo, ¡yo habría salido corriendo!). Llamó a los apicultores locales, que debieron pensar: «otro día normal en la oficina».

Roger Burns, uno de los héroes del día y miembro de la Asociación de Apicultores de Pembrokeshire, fue el primero en llegar. Él mismo lo describió como «el mayor enjambre que he visto en 30 años», y mira que habrá visto abejas. Con la ayuda de un park ranger, Peter Davies, y su compañero apicultor Tom Moses, consiguieron acorralar y meter a la mayoría de las abejas en una caja especial. La teoría principal: la abeja reina, la jefa, la que manda, se había colado en el coche de Carol y el resto de la tropa, con una lealtad digna de película, la había seguido hasta el fin del mundo (o al menos, hasta el aparcamiento del supermercado).

Pero la historia no acaba aquí. Carol pensó que, ya sin la reina a la vista, todo estaría resuelto. ¡Qué ingenua! Dos días después, en su casa, volvió a ver a sus pegajosas amigas. ¡Otra vez! Parece que la monarca abeja había jugado al escondite y seguía en el coche, o quizás había vuelto a entrar tras la primera ‘mudanza’. Los apicultores se lo tomaron con humor: «Son abejas muy persistentes. Tienen un instinto asesino para su reina», bromeó Burns, aunque esperamos que ese «asesino» no sea literal en este contexto.

Finalmente, Carol tuvo que conducir el coche con un grupo de abejas aventureras todavía dentro, hasta que pudo retirar la reina (por fin) y liberar a las rezagadas. La lección del día es clara: si vas a llevar un enjambre de 20.000 abejas de paseo, asegúrate de que la reina no se te quede a bordo como polizón. Y sí, el coche quedó con alguna mancha de miel de recuerdo, porque de tal viaje, tal dulce huella. ¡Menuda historia para contar en las cenas!