La FIFA se gastó una fortuna en diseñar tres mascotas oficiales para el Mundial 2026. Y la afición mexicana, tan campechana ella, ha pasado de todas para rendirse a un pato callejero que ayuda a vender aguas frescas. Se llama Merlín y se ha convertido en la estrella animal del torneo.
Todo arrancó con un vídeo de lo más tierno. Tras el triunfo de México en su primer partido del Mundial, un pato blanco de dos años apareció paseando por el Paseo de la Reforma de Ciudad de México, con la camiseta verde de la selección y hasta un calzado en miniatura. Internet hizo el resto.
De un puesto de aguas frescas a ídolo mundialista
Merlín no es un pato de granja cualquiera. Vive con su dueña, Karla Gómez, vendedora ambulante de aguas frescas, que lo recibió como regalo hace un par de años. Desde el puesto callejero, el animal se ha vuelto un imán: hay quien se acerca solo para verlo y hacerse una foto con él.
Los memes se multiplicaron bajo el lema «Viva el pato», y la fama trajo negocio: a las puertas del Estadio Ciudad de México ya se venden peluches y llaveros con su cara, camiseta verde incluida. No es el primer animal influencer que arrasa con nombre de mago, pero pocos lo han hecho con tanto salero.
La FIFA presentó a Maple, Zayu y Clutch. La calle eligió a un pato.
La mascota que nadie fichó
Y ahí está lo delicioso del asunto. El torneo tiene sus tres mascotas oficiales —el alce Maple, el jaguar Zayu y el águila Clutch—, personajes de manual pensados para vender merchandising. Pero el cariño espontáneo se lo ha llevado un ave doméstica sin contrato ni departamento de marketing detrás.
El estrellato, eso sí, tiene sus límites: por las normas del recinto, Merlín no pudo acompañar a sus dueños en las gradas, aunque encontró la manera de saludar a sus fans desde otro rincón del estadio.
No es la única rareza que nos deja este Mundial, que ya ha inspirado desde una moneda convertida en el balón oficial hasta proezas deportivas de lo más insólitas. Pero pocas historias se comparten tanto como la de un pato con camiseta paseando por Reforma. A veces, la mejor campaña publicitaria es la que nadie planeó.

