Pantalones de Ciclista: La Prenda Que Tumbó a la Mujer Más Fuerte del Mundo

Pantalones de Ciclista: La Prenda Que Tumbó a la Mujer Más Fuerte del Mundo
Jill Mills, la que fuera la mujer más fuerte del mundo en 2002, ha visto cómo le retiraban su título. ¿El motivo? Unos pantalones ciclistas de licra que llevaba debajo de su equipación oficial. Los jueces consideraron que le daban una ventaja "injusta" al ser prenda de apoyo, descalificándola con gran polémica.
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Imaginad la escena: has entrenado como una bestia parda, levantado pesos que harían palidecer a Hércules y te has coronado como la mujer más fuerte del mundo. La gloria, el reconocimiento, el título… ¡todo tuyo! Pues bien, esto es exactamente lo que le pasó a Jill Mills en 2002, al menos por un par de semanas. Porque, en una de esas decisiones que te hacen rascarte la cabeza hasta que te duele, a Jill le revocaron el título por llevar… ¡redoble de tambores!… unos pantalones ciclistas de licra.

Sí, como lo leéis. No fue por dopaje, ni por saltarse un control, ni por empujar a una rival. Fue por una prenda de ropa interior que, según los jueces, era «demasiado» útil. Mills había ganado el prestigioso título de ‘World’s Strongest Woman’ en el Arnold Fitness Weekend de Columbus, Ohio, el 5 de octubre de 2002. Su victoria era innegable, su fuerza, titánica. Pero dos semanas después, el pastel se vino abajo.

Los sabios del comité de la competición, en una deliberación que seguramente pasará a los anales de la historia deportiva más rocambolesca, decidieron que los ajustados pantalones ciclistas de licra que Jill llevaba *debajo* de sus pantalones oficiales (más holgados) constituían «equipo de apoyo» y le daban una «ventaja injusta». Una ventaja injusta, ¡por unos leggings! Ni que la licra le hubiese dado superpoderes para levantar coches con una mano.

Jill, como es lógico, se sintió «disgustada» y «desconsolada». Su defensa era tan lógica como aplastante: «Los llevaba por comodidad y para mantener el calor, no por apoyo». Además, aseguró haber usado esos mismos pantalones en cada competición sin que nadie le hubiera dicho jamás que eran ilegales. ¿Cambio de reglas repentino? ¿Exceso de celo? ¿Ganas de buscarle tres pies al gato de la licra?

La guinda del pastel la puso un promotor del evento, Andy Liberman, con una explicación digna de un chiste de barra de bar: «Si quieres llevar licra debajo de tus pantalones, bien. Si quieres llevar licra en lugar de tus pantalones, bien. Pero no puedes llevar pantalones de licra *debajo* de unos pantalones que te quedan demasiado grandes, para apoyo». Vamos, que la licra era legal, ilegal, o súper-ilegal dependiendo de si se atrevía a existir bajo otra prenda. Pura lógica de competición.

Así, sin más, los resultados de la competición fueron anulados y Jill Mills se quedó sin su corona, su esfuerzo y su alegría, todo por unos inocentes pantalones ciclistas. Una anécdota que nos recuerda que, a veces, las reglas del juego son tan fuertes como la propia mujer que compite… o más absurdas.