
En los gélidos y a veces dramáticos paisajes de Churchill, Manitoba, Canadá, donde los osos polares son las auténticas estrellas del rock, se ha producido un giro de guion digno de la mejor serie. Imaginad la escena: un osezno polar, pequeñito y vulnerable, se queda huérfano. Su nombre es Kulu, y su futuro se veía más negro que el café solo, al más puro estilo de un drama navideño prematuro (aunque la noticia la procesemos un poco más tarde, esto ocurrió a finales de 2024). Pobre Kulu, parecía condenado a una vida de soledad polar.
Pero, amigos, la vida, o más bien la naturaleza, a veces nos regala historias con un extra de azúcar y un final feliz inesperado. Kulu, tras la trágica pérdida de su madre, fue observado de cerca por la gente de Polar Bears International, una organización que se dedica a proteger a estos majestuosos animales. Estaban preocupados, y con razón. Un osezno solo en el Ártico es como un turista sin abrigo en una ventisca: muy, muy mal pronóstico.
Aquí es donde entra Aurora, la heroína inesperada de nuestra historia. Una osa polar adulta que ya tenía su propio cachorro, Arctic. Lo normal en el mundo de los osos polares es que cada uno a lo suyo, ¡que el Ártico es muy grande y hay que buscar comida! Las adopciones entre osos polares son más raras que encontrar un billete de 500 euros por la calle, o un unicornio paseando por la Gran Vía. De hecho, los expertos las califican de «extremadamente raras» y un comportamiento muy poco común en la especie.
Pero Aurora, con un corazón que debía de ser tan grande como la tundra, decidió romper todos los esquemas y las normas no escritas del manual polar. Observada con asombro por los científicos y el personal de Polar Bears International, Aurora no solo toleró la presencia de Kulu, ¡sino que lo adoptó como si fuera suyo! Así, de repente, Kulu pasó de ser el osezno solitario a formar parte de una familia moderna y peluda, una especie de familia XXL de pelo blanco. Aurora, en un abrir y cerrar de ojos, pasó a tener dos cachorros a los que cuidar, como si uno solo no fuera suficiente jaleo. ¡Menuda matriarca!
Esta peculiar familia, una especie de ‘Los tres osos’ versión Ártica, se encuentra ahora a salvo en el zoológico Assiniboine Park de Winnipeg, Canadá. Allí están recibiendo todos los mimos y cuidados que necesitan, viviendo su particular culebrón polar con un final feliz. Y atención, que hay un detalle pendiente y una gran oportunidad: mientras Kulu ya tiene su nombre, la osa madre Aurora y su cachorro biológico, Arctic, aún están esperando a que el público les ponga un nombre oficial. ¡Imaginad la presión de bautizar a estas celebridades polares! La decisión se tomará entre seis pares de nombres finalistas que los ganadores de un sorteo podrán elegir, dándoles así una identidad definitiva a esta conmovedora historia.
Este evento no solo es un drama con extra de azúcar y un culebrón polar con final feliz, sino que también es importantísimo para la ciencia. Ofrece una visión única y sorprendente de los comportamientos sociales de los osos polares, que suelen ser más bien solitarios y territoriales. Demuestra que, incluso en el reino animal más salvaje y frío, hay espacio para la compasión, la adopción y los lazos familiares inesperados que derriten hasta el hielo más persistente. Así que, la próxima vez que penséis que la vida es dura, recordad a Kulu: pasó de huérfano a tener una nueva familia en tiempo récord, demostrando que, a veces, los milagros vienen envueltos en pelo blanco y con garras.
