
¿Alguna vez te has preguntado cuánto tiempo se puede dedicar a un mismo juego online antes de que la suerte te sonría de verdad? Pues Lori Janes, residente de Cary, Carolina del Norte, nos ha dado la respuesta, y no es moco de pavo: ¡casi dos décadas! Y no, no hablamos de un MMORPG épico con elfos y dragones, sino de una modalidad de rasca y gana virtual de la lotería, el célebre Monopoly de la Lotería de Educación de Carolina del Norte.
Imaginad la escena: años y años, haciendo clic virtualmente en el tablero de Monopoly, quizás con la esperanza de «pasar por la casilla de salida y cobrar 200 dólares»… o mejor aún, el premio gordo. Mientras muchos de nosotros nos cansamos de un juego en cuestión de semanas o, como mucho, meses, Lori mantuvo la fe. Su dedicación a este juego es digna de mención en los anales de la persistencia lúdica. Algunos dirían que es una «profesional» del Monopoly online, una estratega del azar con una paciencia digna de un monje zen, o simplemente alguien que sabía lo que quería y no se rendía fácilmente.
Y esa paciencia, esa constancia casi religiosa en su ritual del clic, finalmente ha dado sus frutos. ¡Un cuarto de millón de dólares! Sí, has leído bien: 250.000 dólares brutos. Aunque Hacienda, como buen jugador de Monopoly, siempre cobra su parte, dejándola con unos nada despreciables 178.751 dólares en el bolsillo tras impuestos. Un buen pellizco para quien ha estado invirtiendo su tiempo (y quizás alguna que otra moneda) en este pasatiempo durante tanto tiempo.
La noticia ha pillado a Lori, comprensiblemente, todavía en estado de shock. «Todavía estoy en shock», confesó, con esa mezcla de incredulidad y alegría que solo un gran premio puede provocar. Y no es para menos. Después de tanto tiempo, la victoria debe sentirse como una mezcla entre un sueño y un alivio monumental. ¿Los planes para el recién adquirido tesoro? Muy sensatos, aunque quizás un poco menos emocionantes que comprarse la calle más cara del tablero: saldar deudas y asegurar el futuro. Nada de excentricidades tipo comprarse una mansión en el Boardwalk, aunque con ese dinero podría comprar unas cuantas propiedades virtuales y hasta la banca entera.
La historia de Lori Janes es un recordatorio de que, a veces, la constancia, por muy peculiar que sea, puede tener una recompensa espectacular. O quizás, simplemente, es la prueba de que si juegas el tiempo suficiente al Monopoly, tarde o temprano acabas construyendo un hotel… o, en este caso, ¡ganando un pastizal!
