
Agárrense, porque la crisis de la atención ha llegado incluso a la sagrada carta del restaurante. Si eres de los que disfrutan leyendo descripciones pomposas y poéticas sobre si el ‘Solomillo Wellington se deshace en una sinfonía de sabores otoñales’, tengo malas noticias: la generación del *scroll* rápido y el resumen instantáneo ha ganado la batalla.
Los hosteleros más avispados están dándose cuenta de un fenómeno preocupante y, a la vez, hilarante: la gente ya no lee los menús. Ni cinco líneas, ni tres, ni a veces ni siquiera el nombre del plato. ¿Y por qué esta aversión al texto? La respuesta tiene dos sílabas y un logo que te absorbe horas: TikTok, junto a nuestro amigo ChatGPT.
Hoy en día, el comensal medio no espera a sentarse para tomar la decisión. Antes de entrar por la puerta, ya ha escaneado Google Maps, ha visto el *reel* de un *foodie* local sobre el plato estrella, o incluso le ha preguntado a una IA que sintetice las cinco mejores opciones del sitio. El menú físico ha pasado de ser una guía a ser un mero trámite. Y claro, si ya lo han pre-digerido digitalmente, ¿para qué leer la prosa del chef?
Ante esta realidad, los establecimientos están tirando de tijera sin piedad. Aquellas descripciones rimbombantes que ocupaban tres líneas, como el clásico “Lubina chilena a la plancha con verduras de temporada rostizadas y una vinagreta cítrica”, están siendo reemplazadas por algo mucho más directo, casi telepático: “Lubina. Verduras de Temporada. Cítricos.” Punto. Se acabó la poesía gastronómica. Se trata de dar justo la información necesaria para que el cliente confirme que ha encontrado lo que ya había investigado previamente en su móvil.
Esta simplificación extrema tiene una ventaja oculta: si necesitan dar más contexto, los restaurantes recurren a los odiados/amados códigos QR. Es la trampa perfecta. El menú impreso es corto para que no te aburras, pero el QR te enlaza a una web con infinitas fotos, vídeos e historias, perfectas para satisfacer la curiosidad del que todavía se atreve a preguntar, pero sin saturar la mesa. Es el triunfo del dato visual sobre la narrativa escrita. En resumen: si no puedes con la tiranía del móvil, únete a ella. Menos lectura, más *likes*.
