Los hábitos de soltero más salvajes que los hombres tuvieron que abandonar al irse a vivir con sus novias

Los hábitos de soltero más salvajes que los hombres tuvieron que abandonar al irse a vivir con sus novias
Un famoso hilo de Reddit ha sacado a la luz las costumbres más excéntricas, guarras y delirantes que los hombres mantenían cuando vivían solos. Desde orinar en botellas hasta ducharse con la ropa puesta, descubre lo que tuvieron que erradicar al empezar a convivir en pareja.
0
0

La soltería tiene muchas ventajas, pero también puede ser un pozo oscuro donde la higiene y el sentido común brillan por su ausencia. Recientemente, un hilo de Reddit se hizo viral cuando alguien preguntó a los hombres: «¿Qué cosas raras de soltero tuviste que dejar de hacer porque te mudaste con tu pareja?».

Persona sorprendida

Las respuestas son, francamente, material para un estudio sociológico (o para llamar a emergencias sanitarias). A continuación, te traemos una recopilación de los hábitos más salvajes, divertidos y surrealistas que estos hombres tuvieron que abandonar por el bien de su relación y de la civilización en general.

La «eficiencia» mal entendida

  • El lavavajillas multiusos: Un usuario confesó que el marido de una amiga intentó meter sus zapatos sucios en el lavavajillas junto con los platos de la cena para dejarlos impecables. Obviamente, su mujer vetó esa brillante idea en un milisegundo.
  • La lavandería portátil: Otro admitió que solía meterse en la ducha con la ropa sucia puesta y se frotaba con una pastilla de jabón tradicional para «matar dos pájaros de un tiro». Su novia se quedó con la boca abierta ante semejante sistema de limpieza.
  • El cubo de basura minimalista: Uno compraba una caja gigante de vasos de poliestireno, los guardaba en un armario y usaba la propia caja de cartón como cubo de basura central. Su novia le informó de que eso era demasiado cutre.

Decoración y mobiliario alternativo

  • El salón-taller: Olvídate del típico sofá y la tele plana. El salón de este soltero ostentaba un banco de pesas, cajas de herramientas y una sierra de mesa en el centro. Su cena solía ser pescado congelado horneado en la misma fuente de cristal que usaba como plato, para no fregar.
  • Cortineros deportivos: Usar palos de hockey de 200 euros como barras para las cortinas. Según él, le daba pena tirarlos cuando se rompían por un mal golpe, y además su madre se partía de risa cada vez que iba de visita.
  • Puffs en lugar de sofás: Sentarse en el suelo sobre cojines amorfos fue rápidamente clasificado como mobiliario no apto para una pareja adulta.

Hábitos culinarios de dudosa moralidad

  • La ensalada de soltero: Una técnica milenaria que consistía en sostener una lechuga entera sobre el fregadero, echarle el aliño por encima y comerla a mordiscos directamente, sin cuencos ni cubiertos.
  • El menú de la tristeza: Cenar leche con chocolate y whisky cuando se sentía un poco de bajón. Al parecer, era un menú degustación bastante frecuente en su vida pre-novia.
  • La vajilla en la nevera: Meter los platos y vasos sucios en el frigorífico para poder procrastinar durante toda una semana antes de tener que frotar en el fregadero. Mente de tiburón.
  • La ración infinita: Cocinar una olla industrial de espaguetis o arroz para ir sacando cazos a lo largo de los siete días de la semana. Con la novia, de repente, las comidas «tenían que tener variedad y saber bien».

Hombre mirando con escepticismo

Costumbres de higiene… muy cuestionables

  • El francotirador nocturno: Orinar en botellas vacías desde la cama a la 1 de la madrugada para no tener que levantarse al baño en invierno. Un hábito adquirido en despliegues militares que no impresionó absolutamente nada a su nueva compañera de piso.
  • Sincronización intestinal: Sincronizar sus visitas al baño para que coincidieran con sus horas en la universidad y poder usar su aseo secreto favorito en el sótano de la biblioteca. ¿El objetivo final? No comprar papel higiénico para su propia casa. Su mujer, lógicamente, quedó horrorizada.
  • El infame cuchillo de baño: Sí, hubo alguien que tuvo que deshacerse de un cuchillo que guardaba en el baño exclusivamente para trocear los excrementos demasiado grandes y que así pudieran irse sin atascar el retrete. Sin comentarios.

Desde luego, la convivencia es un filtro maravilloso para devolver a muchas personas a la sociedad civilizada. Y tú, ¿qué hábito inconfesable tuviste que dejar atrás cuando te fuiste a vivir en pareja?