
Todos sabemos que la vida a veces nos pone a prueba, pero si algo nos consuela es saber que siempre hay alguien que lo está pasando peor (y que, además, lo ha publicado en internet para nuestro disfrute). Esta semana nos ha dejado auténticas joyas de la comedia involuntaria que merecen estar enmarcadas. ¡Vamos con la lista de los mejores fails!
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1. El discurso infinito en Letonia
Imagina que te invitan a dar una conferencia en Letonia. Te dicen que no hay directrices claras, así que asumes que será la típica charla breve de 45 minutos. Llegas allí con tu mejor sonrisa y, de repente, miras el programa… ¡y te han reservado cuatro horas enteras! ¿Qué se supone que debes hacer? ¿Contar la historia de tu vida desde preescolar? Ojalá pudiéramos ver la cara de pánico de este pobre conferenciante.

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2. La vela mágica anti-olores que casi te cuesta la vida
Esconder secretos de adolescentes a veces no termina bien. Un chaval pensó que encender una velita aromática en el coche era el truco definitivo para camuflar el sospechoso olor a hierba. Spoiler: no lo fue. La brillante idea terminó con el coche envuelto en llamas. Desde luego, el olor a quemado camufló cualquier otra cosa, pero igual el precio fue un pelín alto, ¿no crees?

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3. El Ratoncito Pérez es funcionario (y está en huelga)
Explicarle a un niño que el hada de los dientes (o el Ratoncito Pérez) no ha pasado por su cama puede ser complicado. Pero la tuitera Nicki tuvo una excusa de campeonato: le dijo a su hijo que estos seres mágicos son empleados federales y, claro, con el cierre del gobierno, están de brazos cruzados. ¡No hay dinero bajo la almohada hasta que se aprueben los presupuestos, chaval!

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4. El mensajero más pasivo del mundo
Pides un paquete, esperas con ansias tu entrega y te llega una notificación de que ha habido un problema. ¿Qué pasó? Que una bestia salvaje se comió tu pedido. Lo mejor de todo es que el repartidor, en lugar de espantar al animal o salvar la caja, decidió que era mejor quedarse mirando, informar del siniestro por la aplicación y seguir con su ruta.
A mí me pagan por entregar, no por pelear con la fauna.

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5. Confusión subida de tono en la cafetería
Nunca subestimes el poder de pedir mal el nombre de un dulce. Alguien fue a su cafetería de confianza a pedir el clásico donut de crema, pero los nervios le jugaron una mala pasada y acabó pidiendo un «Boston creampie». La reacción de los empleados debió ser digna de un cuadro renacentista. Si no sabes por qué es gracioso, te recomendamos encarecidamente que NO lo busques en internet estando en la oficina.

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6. El despiste corrosivo
Usar desatascador de tuberías tiene sus normas, y la primera es: «No lo dejes actuar más de 15 minutos». Bueno, pues un usuario echó el producto, se fue a hacer sus cosas y… se acordó 8 horas y media después. Su publicación con un simple «Oh, no» encapsula perfectamente el pánico de imaginar que tus tuberías se han derretido hasta el centro de la Tierra.

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7. El criminal más tierno de la casa
Todos hemos sufrido el drama de un cargador de móvil roto, pero cuando ves marcas de colmillos perfectas en el cable, el misterio se resuelve rápido. En la imagen vemos el cargador destrozado en primer plano mientras, de fondo, un gato asoma con una cara de absoluta inocencia. Esa mirada de «yo no sé nada, seguro que fue el perro» merece un premio Óscar a la mejor interpretación felina.

¿Con cuál de estos desastres te sientes más identificado? A veces, la única forma de sobrellevar el inicio de la semana es recordar que, pase lo que pase, al menos no tienes que dar una charla improvisada de cuatro horas en el extranjero. ¡Mucha suerte y ten cuidado con los desatascadores!
