
A veces, convivir en sociedad es un deporte de riesgo
Pedimos disculpas de antemano a quienes puedan sentirse ofendidos, pero ha llegado el momento de sacar a la luz las actitudes más absurdas y desconsideradas que presenciamos en el día a día. Parece que algunas personas han olvidado por completo las normas básicas de civismo y necesitan un curso acelerado sobre cómo comportarse entre otros seres humanos.
Acompáñanos en este recorrido por el museo de los horrores de la convivencia, una recopilación de 22 situaciones en las que los protagonistas creyeron que el mundo giraba exclusivamente a su alrededor.
El top del incivismo en espacios públicos
- El trágico final del pollo asado: Alguien decidió en el último momento que le apetecía más un refresco que un plato caliente y dejó un pollo asado abandonado en el pasillo de las bebidas. Como bien dijo el autor de la foto, «El pollo murió en vano porque alguien cambió de opinión».

- Invasores del espacio aéreo: Pagas un extra para tener más espacio para las piernas en un vuelo de cuatro horas, y de repente, una familia entera decide plantarse delante de tu ventana para mirar las nubes.
«Se quedaron allí casi todo el vuelo, apoyándose en nosotros y bloqueando el espacio por el que pagamos. Llamamos a la azafata tres veces, pero seguían volviendo».
- Salas de cine convertidas en vertederos: Hay personas que confunden la butaca del cine con el cubo de la basura. Imagina a los pobres empleados que tienen que limpiar una sala entera cubierta de palomitas y envoltorios en tan solo 30 minutos.

- El falso mito de las colillas: Gente que camina por la calle y sigue sin entender que tirar los restos del cigarrillo al suelo se considera, efectivamente, ensuciar la vía pública.
- Lluvia de fuego letal: Un vecino decidió lanzar su cigarrillo encendido desde el balcón superior, con tan mala suerte que acabó quemando un agujero enorme en la sudadera que el vecino de abajo tenía secando al aire.

- Aparcamientos creativos: Un conductor consideró que el lugar perfecto para dejar aparcado su camión durante 8 horas era bloqueando por completo la entrada del garaje de otra persona.
- El deshielo de las sorpresas: Llega el final del invierno, la nieve se derrite y queda al descubierto el gran secreto del barrio: los dueños de perros que no recogen los «regalitos» de sus mascotas y los esconden en los bancos de nieve.
- Pies al aire libre: Por amor a la humanidad, guárdate los pies en público. A nadie le apetece compartir la sala de espera del aeropuerto con alguien que decide descalzarse y poner los pies sobre los asientos de al lado.

- Higiene egoísta: Una pasajera decidió cubrir su asiento del avión con una inmensa funda de plástico transparente para mantenerse libre de gérmenes. ¿El problema? Que bloqueó por completo la bandeja del pasajero de atrás.

- La melena en la pantalla: En un vuelo de 10 largas horas, una viajera decidió echar su larguísima melena hacia atrás, tapando por completo la pantalla de entretenimiento del pasajero de la fila posterior.

- Sabotaje digital: Hay que tener una mente perversa y bastante sucia para meter chicle masticado dentro de los puertos de carga USB de los asientos del transporte público.

- Robo a 10.000 metros de altura: Una mujer se quedó plácidamente dormida en su vuelo y, cuando despertó, se dio cuenta de que su «encantador» compañero de asiento le había robado el chocolate de cortesía.
- El infierno del papeleo: Alguien que pidió cita previa y esperó pacientemente su turno en la oficina de tráfico, solo para ver cómo un listillo se colaba sin ningún tipo de pudor en el lugar más desesperante de la Tierra.
- El bloqueo del Auto-Mac: Una persona pidió la friolera de 20 sándwiches desde su coche en el carril de atención rápida y se negó rotundamente a avanzar hacia la zona de espera del aparcamiento, bloqueando la cola entera.
- La ingratitud personificada: Un vecino sacó unas sillas gratis a la acera con un cartel hecho a mano. Alguien se las llevó, pero tuvo la brillante idea de arrugar el papel y tirarlo al jardín de esa misma persona.

- Ataque a la cultura: Una persona construyó con mimo una pequeña biblioteca comunitaria junto a un embalse para el intercambio de libros. Algún desalmado la vació por completo y lanzó todos los ejemplares al agua.

- Fobia al pedal de la basura: En los baños públicos, hay usuarios a los que apretar el pedal de la papelera les debe suponer un esfuerzo sobrehumano, por lo que deciden ir dejando todas las toallitas de papel tiradas por el suelo.

- Trampas en la arena: Un supuesto «genio» organizó una hoguera en una playa pública, tiró botellas de cristal dentro de las brasas y luego, por si no fuera lo suficientemente peligroso, lo cubrió todo con arena para esconderlo.
- Celebraciones que ensucian permanentemente: Aquellos que organizan fiestas de revelación de género en parques públicos y dejan el suelo inundado de confeti brillante de plástico, arruinando el paisaje sin inmutarse.

- Picnics de pesadilla: Las clásicas mesas de parque que quedan enterradas bajo kilos de vasos, platos y restos de comida porque recoger debe ser de cobardes y la papelera estaba a unos inmensos… ¡dos metros de distancia!

- Los DJs espontáneos: Esas personas que sienten la imperiosa necesidad de compartir su música con el resto del mundo a través del altavoz de su móvil en lugares cerrados o en el transporte público.
- El cine en altavoz: Y como no, la gente que decide poner una serie de Netflix o ver vídeos de YouTube a todo volumen mientras se sienta a cenar al lado tuyo. Ganas de tirarles el plato de fideos por la cabeza no faltan.
¿Cuál es tu límite?
Después de repasar este compendio de falta de empatía, seguro que tu nivel de fe en la humanidad ha bajado unos cuantos puntos. Está claro que el sentido común sigue siendo el menos común de los sentidos. Y tú, ¿qué comportamiento es el que más te saca de tus casillas en espacios públicos?
