
Si alguna vez has pensado que la realidad supera a la ficción, agárrate porque la Universidad Estatal de Weber (WSU) en Utah acaba de coronarse con la ironía del año. Resulta que organizaron una conferencia académica sobre los peligros de la censura llamada «Redacted: Navigating the Complexities of Censorship». ¿El resultado? ¡Acabaron censurando a sus propios ponentes!
El colmo de los colmos: La ley HB 261
Todo este circo tiene un responsable principal: la polémica ley HB 261 de Utah. Esta normativa, como muchas otras que están aflorando por Estados Unidos, busca desalentar a las instituciones públicas de usar marcos de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) bajo amenaza de cortarles el grifo de la financiación estatal.
A menos de 72 horas de que arrancara la conferencia, el pánico cundió en los despachos de la universidad. Jessica Oyler, entonces Vicepresidenta de Acceso y Éxito Estudiantil, envió un correo a los ponentes con una advertencia surrealista: nada de hablar de políticas de identidad o quedarían fuera del programa oficial.
«Como no es una conferencia académica ‘real’ (al estar financiada por asuntos estudiantiles), la libertad académica no os protege», venía a decir la interpretación institucional del mensaje para evitar conflictos legales.
Borrando palabras prohibidas: Ni DEI, ni «Nueva Derecha»
La caza de brujas lingüística no se hizo esperar. A Sarah Herrmann, profesora asociada de psicología, y a su estudiante, les exigieron eliminar cualquier mención a «DEI», tanto en siglas como la palabra completa, de su presentación sobre cómo estas legislaciones afectan a la cultura del campus y a los alumnos.
Pero la cosa no acaba ahí. A investigadores de otras universidades, como Brianne Kramer, les pidieron que editaran sus materiales para borrar referencias a «the New Right» (la Nueva Derecha), que literalmente eran las primeras palabras del título de un artículo académico que acababan de publicar.
- El resultado: Varios ponentes, incluido el estudiante de Herrmann, decidieron retirarse del evento al ver el percal.
- La excusa oficial: La universidad afirma que solo busca «alinear sus ofertas con las necesidades laborales» del estado, lo que curiosamente les ha llevado a cerrar centros culturales y suspender temporalmente programas de estudios queer y de la mujer.
El verdadero peligro: La autocensura y el miedo
Richard Price, profesor de ciencias políticas, fue muy claro tras retirarse del panel principal del evento: «Eran proyectos pasionales, cerrados para pacificar a legisladores a los que no les gusta ver palabras como ‘queer'».
Más allá de la anécdota cómica y profundamente distópica, el problema de fondo es bastante grave. Profesionales como Kramer advierten que esta presión fomenta la autocensura en el ámbito académico, algo mucho más destructivo porque es casi imposible de medir a simple vista. Si los profesores no pueden publicar o presentar sus investigaciones por miedo a represalias institucionales o a perder sus puestos, los que realmente pierden son los alumnos y la sociedad en general.
Al final, parece que la conferencia sobre censura de Weber State nos dio la mejor (y más triste) clase práctica sobre cómo funciona la censura moderna: en silencio, con correos institucionales de última hora y pidiéndote amablemente que borres unas cuantas palabras de tu PowerPoint.
