La Iglesia que demandó al ayuntamiento por no dejarle montar un confesionario de autocine

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Agárrense fuerte, porque la creatividad religiosa a veces supera a la burocracia más obtusa. Esta historia nos lleva a Beloit, Wisconsin, donde el concepto de ‘servicio rápido’ se ha colado hasta en la administración de sacramentos. Hablamos de la ‘Iglesia de la Palabra Divina’, que tuvo una idea tan genial como americana: el confesionario ‘drive-thru’. Sí, como si estuvieras pidiendo un Big Mac, pero en lugar de calorías, te quitas unos cuantos pecados.

La idea era simple y, admitámoslo, bastante práctica para el siglo XXI: montar una ventanilla de confesión a la que los fieles pudieran llegar directamente en coche. Pensado especialmente para la gente mayor, aquellos con movilidad reducida o, por qué no decirlo, los que van a tope de agenda y necesitan un perdón exprés sin tener que buscar sitio en el parking.

Sin embargo, la visión celestial chocó de bruces con la terrenal. Para que esta maravilla del servicio religioso vehicular funcionase, la iglesia necesitaba construir un pequeño aparcamiento y, claro, pedir los permisos pertinentes al Ayuntamiento de Beloit. Y aquí es donde la trama se complica, pues la Comisión de Planificación Municipal les dijo que «naranjas de la China». La negativa se basó en los criterios clásicos: temas de zonificación y, sobre todo, preocupación por el tráfico que podría generar un atasco de arrepentidos.

Pero la Iglesia de la Palabra Divina no es de las que se rinde fácilmente. Si Mahoma no va a la montaña, o si la montaña de burocracia no deja pasar el coche, toca ir a la Justicia. La congregación decidió demandar al ayuntamiento por, nada menos, que discriminación religiosa. Argumentaron que al impedirles construir el parking, estaban limitando su capacidad para ejercer y difundir su fe, ya que la ventanilla de confesión rápida era una forma vital de servir a su comunidad. En esencia, estaban diciendo: «Nos estáis discriminando porque nos negáis el derecho a perdonar pecados cómodamente desde nuestro Chevrolet».

La noticia generó un debate importante: ¿es esto un intento legítimo de modernizar el culto o simplemente un abuso de las leyes de libertad religiosa para conseguir un permiso de aparcamiento? Mientras los abogados desempolvaban los códigos de tráfico y los libros canónicos, Beloit se convirtió en el epicentro de la discusión sobre si la salvación debe venir con servicio de ventanilla. McDonald’s, tiembla.