
Imagina la escena: Varsovia, 2013. El National Stadium, centro neurálgico de la COP19, la cumbre del clima de la ONU. Dentro, delegados de todo el mundo, expertos y periodistas, se rompen la cabeza debatiendo sobre el futuro del planeta, la reducción de emisiones y, oh, la ironía, los «daños y pérdidas climáticas». Fuera, el universo decidió dar una masterclass práctica.
De repente, una columna de humo espeso y grisáceo comienza a ascender ominosamente en el horizonte. ¿Protestas? ¿Fuegos artificiales de algún activista con demasiado entusiasmo? ¡Qué va! La realidad superó la ficción y a la imaginación de cualquiera. El humo provenía de una humeante y puñetera turbera que había decidido prenderse fuego justo al lado del estadio. Sí, sí, un pantano de turba, de esos que arden silenciosamente y que son, casualmente, una de las mayores fuentes naturales de emisión de carbono cuando se descontrolan.
La escena no tenía desperdicio. Los periodistas, que ya tenían sus cámaras y plumas preparadas para las declaraciones más aburridas sobre el futuro del clima, se vieron desalojados a toda prisa de las zonas con vistas «privilegiadas» al desastre. Los delegados, que probablemente ya estaban dándole al café para mantenerse despiertos durante las interminables ponencias, tuvieron que hacer una pausa forzosa mientras los bomberos se afanaban durante horas en apagar el fuego. Y todo esto, insistimos, ¡mientras se discutía sobre el cambio climático! El olor a quema, en vez de a futuro sostenible, inundaba el ambiente.
La situación se mantuvo tensa durante horas, con los servicios de emergencia luchando contra las llamas y el humo. Afortunadamente, no hubo heridos que lamentar, salvo, quizás, el orgullo de los organizadores y la credibilidad de un evento que parecía estar siendo troleado por la propia Madre Naturaleza. Con un contexto añadido: Polonia, siendo un gran productor de carbón y blanco habitual de las críticas por su política climática, veía cómo la combustión espontánea de un pantano ponía la banda sonora a sus debates. ¿Sería una señal? ¿Un toque de atención del planeta? Lo que está claro es que la realidad, a veces, es más ácida y humorística que cualquier guion de comedia.
