
Mientras en la mayoría de ciudades la gente se pelea por elegir entre un candidato humano o el otro, en Shkodër, una pintoresca ciudad albanesa, la cosa se puso bastante más futurista. En un movimiento digno de guion de ciencia ficción (o de una comedia política), un grupo de activistas y artistas decidió que ya estaba bien de alcaldes de carne y hueso, y propusieron a una Inteligencia Artificial para el cargo.
El fondo del asunto no era tanto una locura tecnológica, sino más bien una gigantesca y muy ingeniosa mofa al sistema político tradicional, ese que, seamos sinceros, suele estar plagado de enchufes y decisiones más emocionales que lógicas. Los promotores de esta ‘candidatura algorítmica’ estaban hartos de la ineficiencia y la corrupción humana. ¿Cuál era la solución? Pues un ente digital, frío, imparcial y capaz de procesar datos como si no hubiera un mañana.
La IA, que no come, no duerme, ni tiene que devolver favores a amiguetes, se presentaba como el candidato perfecto. Su programa electoral era básicamente: tomar decisiones basadas única y exclusivamente en la lógica de los datos de la ciudad. Imaginen el debate: un político sudando la gota gorda tratando de prometer cosas imposibles, y en la esquina opuesta, un algoritmo ofreciendo soluciones óptimas de infraestructura basadas en Big Data. No hay margen para el pucherazo cuando tu candidato es una red neuronal.
Aunque la propuesta era más una declaración artística y una fuerte crítica a la clase política local que una candidatura legalmente viable, consiguió su objetivo: poner en el mapa el debate sobre la transparencia y la necesidad de sistemas de gobierno más eficientes. Al final, lo que los activistas querían era demostrar que, quizás, un poco de frialdad y mucha base de datos sería mejor para gestionar los problemas municipales que las promesas vacías de los candidatos tradicionales. ¡Un verdadero toque de atención digital para la vieja guardia política!
