
Imaginad por un momento la escena: un día te levantas, te tomas tu café con leche, y de repente, en medio de una batalla legal por la custodia de tu hijo, descubres que… ¡has estado casada! Y no con el vecino de al lado, sino con un príncipe. Ah, y para rematar la faena, también te habías divorciado. Todo ello, por supuesto, sin que tú te hubieras enterado de absolutamente nada. ¿Suena a guion de comedia? Pues no, damas y caballeros, esto es la vida real de una pop star estadounidense.
Nuestra protagonista en esta rocambolesca historia es Alexis Adams, también conocida artísticamente como Autumn Jordan, una exconcursante de Miss USA con una prometedora carrera musical. Corría el año 2007 cuando Alexis conoció a Tunku Muhammad Fakhry Petra, miembro de la realeza malasia y, para más inri, príncipe. Lo que Alexis creía que eran viajes de negocios y firmas de “contratos personales” para posibles acuerdos cinematográficos o empresariales, resultó ser un poco más… marital.
En diciembre de 2007, mientras Alexis pensaba que estaba haciendo sus gestiones profesionales, se celebró en Kelantan, Malasia, una boda por poder. Sí, como lo oyes. Ella ni estaba allí ni, según su versión, tenía la más remota idea de que se estaba casando. Pero el papeleo, bajo la ley Syariah malasia, decía otra cosa. Y como guinda del pastel nupcial, en diciembre de 2008, la pareja, que no sabía que era pareja, se divorció, también sin el conocimiento de Alexis. ¡Menudo despliegue de eficiencia marital a distancia!
La cosa se puso aún más surrealista en 2009, cuando Alexis dio a luz a su hijo, Oki. Tres años después de la supuesta boda fantasma, en 2010, el príncipe Tunku Muhammad Fakhry Petra inició una batalla legal en Kelantan para conseguir la custodia del niño. Fue entonces, en el fragor de la contienda judicial, cuando Alexis se enteró de su matrimonio y posterior divorcio. ¡La cara que se le tuvo que quedar debió ser un poema! De repente, su vida personal era un culebrón internacional con toques de realeza, engaño y un fatwa emitido por el Tribunal Superior de la Syariah de Kelantan confirmando la validez del matrimonio.
Mientras la familia del príncipe mantenía que Alexis era perfectamente consciente de su estado civil (¡claro, por supuesto!), ella insistía en que fue engañada y que nunca dio su consentimiento para casarse. La pregunta del millón es: ¿cómo se puede uno casar y divorciar de un príncipe sin darse cuenta? Solo podemos imaginar el choque cultural y el batiburrillo legal. Lo que está claro es que la historia de Alexis Adams es una de esas que te hacen levantar una ceja y pensar: “Vaya tela, lo que le faltaba a esta mujer”. Un auténtico disparate que demuestra que la realidad, a veces, supera con creces a la ficción más disparatada.
