El verdadero Grinch robaba los millones de la gran fiesta de Papá Noel en Nueva York

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Cada año, las calles y el metro de Nueva York se inundan de miles de jóvenes disfrazados de Papá Noel con una clara misión: beber hasta que el cuerpo aguante. Este evento, conocido como la SantaCon, es tan querido por los fiesteros como odiado por los vecinos. Pero resulta que el mayor problema no eran los charcos de bebida en las aceras, sino el organizador del evento, que ha resultado ser un Grinch de manual.

Multitud disfrazada de Papá Noel en la SantaCon de Nueva York

De la supuesta caridad a la vida padre

Stefan Pildes, el cerebro detrás de esta bacanal navideña, ha sido arrestado y acusado de fraude. Durante años, los asistentes pagaban entre 10 y 20 dólares por sus entradas, convencidos de que el dinero acabaría en bancos de alimentos, parques y fundaciones artísticas de la ciudad. Sin embargo, las autoridades federales afirman que Pildes se embolsó la friolera de casi 2,7 millones de dólares recaudados entre las ediciones de 2019 y 2024.

Mientras los miles de participantes seguían un estricto código de Papá Noel que les exigía comportarse y «esparcir alegría, no basura», su líder esparcía el dinero ajeno para costearse sus propios caprichos. ¿En qué se gastó los fondos de los incautos donantes? La lista parece sacada de la carta a los Reyes Magos de un millonario:

  • 365.000 dólares para renovar una espectacular propiedad frente a un lago en Nueva Jersey.
  • 124.000 dólares destinados al alquiler de un lujoso apartamento en pleno Manhattan.
  • 100.000 dólares invertidos de golpe en un resort boutique de Costa Rica, propiedad de un amigo íntimo.
  • Facturas astronómicas en ocio, como una cena de cumpleaños de casi 3.000 dólares en un restaurante galardonado con estrella Michelin.

Stefan Pildes saliendo de los juzgados tras pagar la fianza

El cinismo detrás de la barba postiza

Lo más llamativo del caso es el descaro con el que operaba. A través de su entidad sin ánimo de lucro, la pomposa Participatory Safety Inc., Pildes no solo vendía miles de entradas, sino que también convencía a decenas de bares y restaurantes de la Gran Manzana para que donasen entre un 10% y un 25% de sus ventas de comida y bebida durante el evento. Todo bajo la gran promesa de la solidaridad vecinal.

«En lugar de donar los millones de dólares que recaudaba, dirigía su propio juego de estafadores para enriquecerse»

Esa fue la contundente frase que el fiscal estadounidense Jay Clayton utilizó en un comunicado para describir todo el montaje. Y es que el propio Pildes tenía la cara de escribir correos a los locales colaboradores afirmando categóricamente que «ningún productor recibe ingresos de este evento, es cien por cien benéfico».

Ahora, tras quedar en libertad tras pagar una monumental fianza de 300.000 dólares, este Grinch contemporáneo tendrá que explicar ante un juez cómo pasó de liderar una humilde fiesta anticonsumista (como era la idea original de este movimiento nacido en 1994) a protagonizar uno de los fraudes más extravagantes de Nueva York. Está claro que a alguien le van a traer muchísimo carbón estas navidades.