El surrealista problema del ejército de Corea del Sur con los soldados que vuelven de permiso con cirugías estéticas

El surrealista problema del ejército de Corea del Sur con los soldados que vuelven de permiso con cirugías estéticas
Las fuerzas armadas de Corea del Sur se enfrentan a un problema inaudito: los soldados de la Generación Z aprovechan sus permisos para hacerse retoques estéticos, regresando a las bases con los rostros hinchados e incapacitados para entrenar, lo que desata el caos y el enfado en los cuarteles.
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Corea del Sur es conocida mundialmente por su cultura del K-Pop, sus envidiables innovaciones tecnológicas y, por supuesto, por ser la capital mundial de la cirugía plástica. Sin embargo, esta última afición ha cruzado una línea que nadie vio venir: ¡se ha colado en las trincheras del ejército! Resulta que los altos mandos surcoreanos se están enfrentando a un enemigo totalmente inesperado que merma su preparación militar: los retoques estéticos de los soldados de la Generación Z.

Soldados surcoreanos de permiso caminando por la estación de Seúl

El misterio de la nariz hinchada en pleno cuartel

Imagínate la escena: estás a punto de llevar a tu pelotón a un durísimo entrenamiento en condiciones de frío extremo y uno de tus soldados aparece con la cara como un mapa. Esto es exactamente lo que le pasó a principios de año al Primer Teniente Kim, líder de un pelotón en una unidad de primera línea cerca de Seúl. Un cabo regresó de su permiso con la nariz totalmente hinchada y sin cicatrizar tras haberse sometido a una rinoplastia en sus días libres.

«Me quedé completamente descolocado porque se operó la nariz sin decir ni media palabra justo antes de los entrenamientos», confesó Kim, visiblemente frustrado.

Por puro miedo a que la herida fresca se complicara en pleno campo de maniobras, el teniente no tuvo más remedio que dejar al soldado en el banquillo. Y claro, el dilema de Kim no es un caso aislado. La creciente tendencia de las cirugías estéticas voluntarias entre los soldados en activo está causando verdaderos estragos en la operatividad militar y dejando en evidencia un enorme agujero en el reglamento de las bases.

Rebajas militares… ¡en el bisturí!

Históricamente, el ejército hacía la vista gorda cuando los reclutas usaban sus largos permisos en los últimos meses de servicio militar para prepararse estéticamente para su regreso a la vida civil. Sin embargo, ahora la película ha cambiado drásticamente. Jóvenes en plena etapa operativa inundan los foros de las clínicas del lujoso distrito de Gangnam preguntando por tiempos de recuperación y presupuestos para operaciones de nariz o de doble párpado.

El caldo de cultivo es perfecto: una cultura militar algo más flexible, un cambio evidente en los valores generacionales y, sobre todo, una importante subida de sus sueldos. El cabo Choi, de 22 años, es el vivo ejemplo de este fenómeno. Relató cómo estuvo meses sin gastar un duro en el economato de la base militar para poder pagarse su anhelado sueño estético.

«Ahorré mi salario mensual de 1,2 millones de wones (unos 815 dólares) durante varios meses para hacerme la cirugía de párpados, evitando incluso ir a comprar chucherías al cuartel», explicaba Choi sin ningún pudor.

Promociones de clínicas estéticas en redes sociales dirigidas a militares

A esto hay que sumarle el marketing salvaje de las propias clínicas. Con anuncios muy llamativos en redes sociales, ofrecen jugosos descuentos para militares. De hecho, cuando unos periodistas se hicieron pasar por soldados en activo en una clínica privada, les ofrecieron sin dudarlo un tremendo descuento del 40 por ciento en su intervención.

Las madres entran en acción y los compañeros echan humo

La situación está empezando a superar a los mandos. Un subteniente de la región de Chungcheong tuvo que apartar a un recluta del turno de guardia nocturna porque volvió de permiso con los ojos infladísimos tras una operación estética. «No tuve más remedio que sacarlo de la guardia por su propia seguridad, y al final nos tocó reajustar los grupos y cargar de más horas al resto del personal», comentaba resignado.

Pero el nivel de surrealismo escala cuando las propias madres deciden intervenir. El Capitán Park, comandante de compañía, recibió una llamada alucinante en marzo. La madre de un soldado le exigía formalmente que su querido hijo fuera eximido de las duras labores de mantenimiento de trincheras porque su cirugía de párpados todavía no había cicatrizado bien.

«Te pone en una posición dificilísima. Si aceptas, creas un mal precedente, pero si algo sale mal con su cara durante las maniobras, los oficiales podemos acabar siendo los responsables», señaló Park.

Como es lógico, los compañeros que tienen que comerse el marrón de hacer las guardias extra y limpiar trincheras mientras los recién operados se recuperan tranquilamente en la cama están empezando a mosquearse bastante, generando mal ambiente en las tropas.

A pesar de este absoluto desbarajuste, actualmente los comandantes no tienen reglas claras para sancionar o gestionar los tiempos de recuperación de estas cirugías voluntarias. Expertos en estudios militares ya están pidiendo a gritos que el ejército se ponga las pilas y redacte medidas disciplinarias para evitar que, en caso de conflicto bélico, las tropas estén más pendientes de las tiritas de su nariz que de defender su país.