
Hay personas que se conforman con aparcar el coche en línea a la primera, y luego está Dario Costa. Este piloto italiano, que claramente no conoce el significado de la palabra ‘tranquilidad’, ha decidido que aterrizar en aeropuertos convencionales con su torre de control y su Duty Free es demasiado mainstream. En su lugar, ha preferido posar su avioneta sobre un tren en marcha en las inmediaciones de Maribor, Eslovenia.
Una pista de aterrizaje con ruedas y mucha prisa
La maniobra, digna de una película de acción donde el protagonista no usa dobles, consistió en aterrizar un Zivko Edge 540 sobre una plataforma de madera instalada específicamente en un vagón de carga. La ‘pista’ improvisada medía apenas 24,5 metros de largo y 1,2 metros de ancho. Si tenemos en cuenta que la distancia entre las ruedas de la avioneta es casi idéntica a la anchura de la plataforma, el margen de error era, básicamente, inexistente. Un estornudo a destiempo y la avioneta acaba decorando el paisaje esloveno.
A 100 km/h y luchando contra la física
Para lograr esta locura, el tren debía mantener una velocidad constante de 100 km/h mientras Costa se aproximaba por detrás. El piloto tuvo que igualar la velocidad del convoy y descender con una precisión que haría llorar de emoción a un cirujano suizo. Según el propio Costa, este ha sido el reto más difícil de su carrera, ya que tuvo que lidiar con las turbulencias brutales generadas por el propio tren y el viento lateral que amenazaba con sacarlo de la plataforma. Afortunadamente, logró clavar el aterrizaje y frenar antes de que se le acabara el vagón, demostrando que para algunos, el cielo no es el límite, sino simplemente el lugar donde calientan motores.
