El narco fugado que se escondió en la diminuta caseta del perro

El narco fugado que se escondió en la diminuta caseta del perro
Un peligroso fugitivo italiano, buscado por extorsión y narcotráfico, fue localizado por la policía escondido dentro de la diminuta caseta de un perro cerca de su casa en Caserta. El hombre, de 46 años, tuvo que ser rescatado en una posición ridículamente encogida.
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Roberto Dromi, un nombre que suena a jefe de la mafia, pero que acabó pareciendo un labrador despistado y malhumorado. Este hombre de 46 años, natural de Casaluce (cerca de Caserta, Italia), era un pez gordo buscado por la policía por cargos bastante serios: extorsión y, atención, tráfico de drogas. Llevaba una temporada fugado y los Carabinieri le seguían la pista de cerca, esperando ese momento ‘Eureka’ en el que pudieran capturarle.

El momento llegó, pero la escena de la captura no fue digna de una película de Scorsese, sino más bien de un sketch cómico. Los agentes, al llegar a la propiedad, revisaron minuciosamente la zona, probablemente buscando un búnker secreto, un pasadizo o al menos un armario lo suficientemente grande. Lo que encontraron fue, literalmente, una caseta de perro. Sí, una de esas estructuras de madera o plástico pensadas para que Fido descanse a la sombra.

Dentro, encogido, con las rodillas pegadas al pecho y probablemente echando de menos la comodidad de una cama tamaño matrimonial, estaba nuestro protagonista, Roberto Dromi. Las fuentes indican que la caseta era minúscula, haciendo la escena aún más cómica e incómoda para el fugitivo. Imaginen el diálogo policial: “¿Señor Dromi? ¿Qué hace usted ahí? ¿Está jugando al escondite?”.

El hombre fue sacado de su peculiar escondite y, por supuesto, arrestado inmediatamente. Aunque Dromi intentó esquivar la justicia usando el camuflaje perruno, su aventura como ‘mascota fugitiva’ terminó rápidamente. Desde luego, no se puede negar que eligió el escondite más inesperado, aunque también el menos digno para un supuesto capo del narcotráfico. Esperemos que al menos el perro estuviera en otro sitio y no tuviera que compartir techo con su nuevo compañero de celda improvisado.