¡Ojito al dato! En Great Falls, Montana, la naturaleza se ha puesto dramática y misteriosa. Resulta que un buen vecino de la zona, al trastear con un tronco de árbol recién cortado en su propiedad, se encontró con el botín más insólito que uno podría imaginar: un mini-cementerio de bicis. No es que las encontrara apoyadas; estaban, literalmente, fusionadas con la madera.
Dentro de este pedazo de tronco, que debía llevar décadas en el patio, el hombre descubrió ni más ni menos que tres vehículos de dos y una rueda, perfectamente encapsulados. Hablamos de una bicicleta de carretera, una mountain bike (un poco desactualizada, claro) y, para rematar la faena surrealista, un monociclo. Sí, el árbol se había tragado un monociclo, demostrando que la vida forestal en Montana puede ser bastante excéntrica.
La escena es digna de una película de serie B sobre ecologistas ciclistas vengativos. El detalle clave es que estas bicicletas no son precisamente modelos de última generación; de hecho, por el aspecto y la profundidad a la que estaban incrustadas, debían llevar allí tanto tiempo que la naturaleza simplemente decidió que formaban parte de su estructura interna, como si fueran los anillos de crecimiento más extraños de la historia.
La gran pregunta que ahora mismo se hace todo el vecindario es: ¿Cómo narices llegaron ahí? Un árbol no desarrolla brazos para agarrar bicis, ni las bicis pueden teletransportarse. ¿Fue obra de algún bromista con acceso a una máquina del tiempo y una sierra, o estamos ante un caso real de ‘el árbol que se comió la bicicleta’ y decidió guardar la evidencia? Sea como fuere, el misterio de Great Falls demuestra que, a veces, los árboles no solo dan sombra, sino que también albergan secretos ciclistas de coleccionista. Ahora solo falta que alguien logre sacar las bicis sin destrozarlas para ver si aún sirven para dar un paseo.




