
El internet de las cosas nos ha traído maravillas tecnológicas, pero también nos ha sumergido en el literal internet de la caca. Si pensabas que tus datos bancarios, tu ubicación o tus fotos en la playa eran lo único valioso que tenías en tu teléfono móvil, prepárate para descubrir el mercado negro más surrealista del momento: la venta al por mayor de imágenes de heces humanas para el entrenamiento de Inteligencias Artificiales.
El Wallapop de los excrementos
Todo comenzó con una extraña publicación en un subforo de Reddit dedicado al intercambio de grandes bases de datos. Un usuario anónimo soltó la bomba con el siguiente mensaje: «He acumulado una gran base de datos de algo valioso, pero no es lo que esperáis… 150.000 imágenes de heces».
Resulta que el emprendedor detrás de esta escatológica oferta era el creador de una aplicación llamada PoopCheck. Esta app, lanzada hace un par de años, prometía a los usuarios analizar sus deposiciones mediante Inteligencia Artificial basándose en la famosa Escala de Heces de Bristol. La idea principal era darte una «puntuación diaria de salud intestinal» según la consistencia, el color y la forma de tus «creaciones» cotidianas.
Lo que no te contaban tan abiertamente en la tienda de aplicaciones era el destino final de esas peculiares fotografías. En la App Store, PoopCheck aseguraba que «El desarrollador no recopila ningún dato de esta app» y que la privacidad era su prioridad absoluta. Pero claro, a la hora de aceptar los largos e infinitos Términos y Condiciones dentro de la aplicación, los usuarios estaban otorgando una licencia mundial, perpetua, gratuita e irrevocable para usar, vender y comercializar esas fotos para crear modelos comerciales de Inteligencia Artificial. ¡Bingo!

Una comunidad muy unida… y un negocio redondo
La aplicación no solo analizaba la salud de sus usuarios, sino que también funcionaba como una especie de red social de cuarto de baño. Los más atrevidos podían subir al estrellato en un ranking o «tabla de líderes» compartiendo fotos de su caca en una comunidad para recibir comentarios de otros usuarios, ganar puntos y compartir inquietudes digestivas.

Pero el verdadero negocio estaba detrás de la pantalla del usuario. Un periodista decidió investigar, se hizo pasar por un comprador interesado en entrenar una IA y contactó con «Marco», uno de los fundadores de la app. La respuesta de Marco no decepcionó en absoluto y le ofreció un auténtico menú degustación de datos con sus respectivos precios:
- 3.000 dólares: Un paquete de 10.000 imágenes sin revisar (solo validadas por IA).
- 4.000 dólares: 5.000 imágenes totalmente revisadas y anotadas ¡por un ser humano de su equipo!
- 5.000 dólares: El combo mixto que incluye 5.000 fotos revisadas y 5.000 sin revisar.
Detalles que asustan a cualquier experto en privacidad
El catálogo de muestra que la empresa envió como prueba de concepto no era precisamente información básica. Cada foto de excrementos venía acompañada de metadatos extremadamente detallados: la hora exacta de la deposición, el tipo según la escala médica de Bristol, la cantidad, si flotaba o no, y los síntomas reportados por el propio usuario como «dolor punzante» o «difícil de expulsar». Por si fuera poco, los datos también incluían información demográfica muy personal: rangos de edad, sexo, altura, peso, e intolerancias declaradas como la lactosa o el síndrome del intestino irritable.
«Siento que estoy sentado sobre una pila de monedas brillantes pero no encuentro a quién le interesan», comentaba frustrado el vendedor en Reddit buscando rentabilizar el «esfuerzo» de sus 25.000 usuarios activos.
Esta estrambótica historia demuestra de forma cristalina que, en plena fiebre del oro de la Inteligencia Artificial, absolutamente todo lo que hacemos y registramos en nuestros teléfonos puede terminar a la venta en el mercado libre. Literalmente, hasta nuestros desechos más íntimos tienen un precio. Así que, la próxima vez que te bajes una app gratuita y amigable para analizar tu estado de salud, piénsatelo dos veces antes de enfocar alegremente la cámara de tu móvil al fondo del retrete.
