
En un giro de guion que ni el mismísimo Wile E. Coyote habría planeado con un yunque y un cohete marca ACME, el estudio Warner Bros ha decidido enterrar para siempre una de las películas más extravagantes y esperadas por los fans de la animación.
Un juicio que nunca veremos
La cinta, titulada Coyote vs. Acme, contaba con un planteamiento sencillamente brillante. Tras años de explosiones fallidas, caídas por desfiladeros y rocas gigantes aplastando su cabeza, nuestro querido Coyote decidía llevar a los tribunales a la corporación ACME por la dudosa calidad de sus productos. Una sátira legal que mezclaba acción real y animación al más puro estilo de los clásicos de los noventa.
Para este disparatado litigio, el reparto contaba con nombres de peso:
- Will Forte como el abogado defensor del Coyote, un letrado con muy mala suerte.
- John Cena en el papel del implacable jefe de la corporación ACME.
- Lana Condor apoyando en esta surrealista batalla legal.
Terminada y a la basura por los impuestos
Lo verdaderamente insólito de esta historia no es la trama, sino el triste destino de la película. A diferencia de otros proyectos que se cancelan en fase de preproducción, Coyote vs. Acme estaba completamente terminada y había arrasado en los pases de prueba con el público. Sin embargo, los directivos de Warner decidieron archivarla en una caja fuerte para conseguir una jugosa deducción fiscal de unos 30 millones de dólares.
La desolación de sus creadores
El actor Will Forte, visiblemente afectado por la noticia, publicó una carta abierta en sus redes sociales tras tener la oportunidad de ver el montaje final que el gran público nunca podrá disfrutar:
«A los actores y al equipo… sé que muchos de vosotros no habéis tenido la oportunidad de ver nuestra película. Y tristemente, parece que nunca la tendréis. Cuando escuché por primera vez que la película iba a ser eliminada, pensé que debía de ser un desastre. Pero luego la vi. Es increíble.»
Al final, parece que la corporación financiera ha ganado la partida. El Coyote se queda sin su venganza en los tribunales y los espectadores sin una comedia que prometía ser oro puro. Una jugada maestra del business hollywoodense que nos deja con un amargo sabor de boca.
