¿Quién dijo que para ir al espacio hace falta un cohete multimillonario, años de entrenamiento exhaustivo y el respaldo financiero de la NASA? En Belfast, Irlanda del Norte, han demostrado que con una buena dosis de imaginación, papel de aluminio y el ingenio de tus vecinos, puedes llegar al satélite de la Tierra sin cruzar siquiera el umbral de la puerta de tu casa. La prueba viviente de esta hazaña doméstica es Betty Campbell, una adorable mujer que ha decidido celebrar su 90 cumpleaños enfundándose un traje de astronauta de lo más singular.
Un cumpleaños astronómico en zapatillas
Betty pensaba que la celebración de sus nueve décadas de vida iba a ser un evento tranquilo, con tarta y poco ruido.
«Pensé que iba a tener un cumpleaños feliz y silencioso, poco sabía la maravilla que tenían planeada para mí»
, confesó emocionada la flamante astronauta honoraria. Todo el mérito recae sobre su vecina, la artista Deby McKnight, que le tenía preparada una sorpresa que estaba, literalmente, a otro nivel orbital. Deby transformó el modesto salón de su casa adosada en una réplica de la superficie lunar, rindiendo homenaje a la histórica caminata de Neil Armstrong y Buzz Aldrin en 1969.

El meteorito Bechar 003: un trozo de Luna en el suelo
Esta locura con tintes espaciales comenzó cuando un amigo geólogo le comentó a Deby que era posible adquirir un pequeño fragmento de un meteorito lunar catalogado como Bechar 003. Ni corta ni perezosa, se hizo con él. Tras confirmar su autenticidad al coincidir su composición con las muestras traídas por las misiones Apolo, Deby cayó en la cuenta de un dato histórico algo injusto: de los doce astronautas que caminaron sobre la Luna entre 1969 y 1972, absolutamente todos eran hombres.
Fue al contemplar su pequeño trozo de roca espacial cuando le llegó la inspiración: las mujeres nunca habían caminado sobre la Luna, pero iban a hacerlo en su salón. Se propuso entonces la ambiciosa meta de que 100 mujeres pisaran, literalmente, el pequeño fragmento lunar.
El alunizaje casero: escaleras de obra y mantas térmicas
Para lograr el alunizaje perfecto sin salir del barrio, la escenografía debía estar a la altura. Con unos recursos más propios del bricolaje dominguero que de la ingeniería aeroespacial, Deby montó el módulo lunar:
- Rescató una escalera de mano que había estado utilizando para quitar el papel pintado de su casa recién comprada.
- La envolvió cuidadosamente con mantas térmicas de color dorado para simular el fuselaje del legendario módulo lunar de la misión Apolo 11.
- Colocó su valiosa esquirla de meteorito justo debajo de la escalera para que cada participante plantara su bota sobre ella al finalizar el descenso.

La inmersión no estaría completa sin la indumentaria adecuada. Deby reclutó a su sobrina, Jane McKnight, quien al recibir la noticia pensó que su tía se había vuelto completamente loca. Sin embargo, en cuanto comprendió el propósito, diseñó y confeccionó monos y cascos dignos de cualquier película de ciencia ficción de bajo presupuesto, pero con mucho más corazón. Por cierto, Jane ya tiene reservado el puesto para ser la mujer número 100 en realizar la caminata.
Un pequeño paso para la vecina, un gran salto para el barrio
Hasta la fecha, ya son 44 las mujeres valientes que se han unido al primer escuadrón espacial de andar por casa. Dawn Watson, una de las participantes, describe la experiencia de subir y bajar esa escalera envuelta en papel dorado como algo que roza lo espiritual:
«Puede que sea en el salón de una casa en el este de Belfast, pero se siente mucho más grande, es un verdadero honor ser parte de esto»
.

Al final, esta iniciativa no trata únicamente de equilibrar la balanza histórica o de poseer un meteorito, sino de estrechar los lazos vecinales y dejar volar la imaginación. Betty Campbell, que asegura que esta aventura le ha hecho sentirse de 21 años otra vez, tiene claro el verdadero valor del improvisado programa espacial: «Con las cosas del mundo tal y como están ahora mismo, esto es justo lo que necesitamos para levantarnos el ánimo». Un viaje espacial barato, sin mareos y con la mejor compañía posible.




