
Agárrense, que vienen curvas. La historia está llena de giros inesperados, pero este se lleva la palma. ¿Recordáis a la «Dama del Brazalete de Marfil»? Allá por 2007, la mismísima BBC la presentaba como la «primera británica negra» en un documental, y aquello sonó a campanadas por todo lo alto. Se basaron en una reconstrucción facial de sus restos, hallados en York, que sugería rasgos africanos, y en el hecho de que estaba enterrada con unos brazaletes de marfil, algo que, pensaron, podría indicar conexiones con el continente africano.
Pero, como en toda buena trama, la ciencia llegó para darle la vuelta a la tortilla. Un análisis de ADN realizado en 2010 (y que saltó a los titulares en 2014) reveló un detalle que dejaba el relato de la BBC en evidencia: la Dama del Brazalete de Marfil no tenía ni pizca de herencia africana subsahariana. ¡Boom! Resulta que su ADN mitocondrial (el que heredamos de nuestra madre) se correspondía con el haplogrupo J2b1, súper común en Oriente Medio y el sur de Europa, no precisamente en el África subsahariana. Sus dientes, por otro lado, indicaban que creció en la zona de York, aunque quizá pasó alguna temporadita por el Mediterráneo.
La cosa se pone aún más jugosa. Una nueva investigación, liderada por la doctora H.E.M. Cool, sugiere que esta misteriosa dama no era una persona cualquiera, sino ¡la hija del mismísimo emperador romano Septimio Severo! Sí, lo habéis leído bien. Septimio Severo, que gobernó desde el 193 al 211 d.C., era de origen líbico (lo que hoy sería Libia), pero su herencia era púnico-bereber, no lo que comúnmente entendemos por «negro africano». De hecho, su madre era italiana y su esposa, Julia Domna, siria. Tenían dos hijos, Caracalla y Geta.
Entonces, ¿quién era ella? Las teorías apuntan alto: o bien era Plautila, la esposa de Caracalla (asesinada por órdenes de este en 212 d.C.), o Julia Severina, la hija del hermano menor del emperador, Geta. Sea quien fuese, su entierro en un sarcófago de piedra indicaba un estatus social elevadísimo, no el de una persona traída de lejanas tierras africanas para trabajar, como se especulaba inicialmente. Y, para más inri, los famosos brazaletes de marfil que daban nombre a la dama eran, simplemente, una moda romana de la época, nada que ver con un indicador étnico específico.
Este giro de los acontecimientos no solo fascinó a los historiadores, sino que también reavivó las críticas hacia la BBC por «corrección política» y «pensamientos ilusorios» en su documental. Al final, la «primera británica negra» resultó ser una VIP romana con orígenes bien distintos. Una lección de historia y, de paso, un buen chascarrillo para la hemeroteca. ¡A ver qué otras sorpresas nos depara el pasado!
