El día que Ryan Gosling engordó a base de helado derretido y fue despedido por Peter Jackson

El día que Ryan Gosling engordó a base de helado derretido y fue despedido por Peter Jackson
Ryan Gosling engordó casi 30 kilos bebiendo helado derretido para su papel en 'The Lovely Bones'. El problema fue que no se lo consultó al director, Peter Jackson, quien odió la idea y lo despidió fulminantemente, dejándolo gordo y sin trabajo.
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El método actoral más dulce y catastrófico de Hollywood

A veces, tomarse el trabajo demasiado en serio puede jugarte una mala pasada monumental. Esto es exactamente lo que le ocurrió a Ryan Gosling allá por 2007, cuando fue fichado para protagonizar The Lovely Bones, la emotiva adaptación cinematográfica dirigida por el mismísimo Peter Jackson.

Gosling iba a interpretar a Jack Salmon, un padre completamente afligido por la pérdida de su hija. Sin embargo, el actor canadiense tuvo una visión creativa sumamente particular sobre cómo debía lucir un hombre en esas circunstancias: se convenció de que el personaje debía ser corpulento y pesar nada menos que 95 kilos.

La dieta del helado derretido

Para lograr este drástico y repentino cambio físico, Gosling no acudió a un nutricionista ni se sometió a un aburrido régimen controlado. En su lugar, optó por un método poco ortodoxo: beber tarrinas de helado Häagen-Dazs derretido en lugar de agua cada vez que tenía sed.

El actor se dedicó en cuerpo y alma a su peculiar transformación, sumando casi 30 kilos de puro azúcar a su anatomía. Pero cometió un error de principiante bastante grave: se le olvidó por completo comentarle su brillante plan estético al director de la película.

El fatídico encuentro con el director

Cuando Gosling apareció triunfante en el set de rodaje luciendo su nueva figura redonda, Peter Jackson se quedó atónito. La visión del director neozelandés no tenía absolutamente nada que ver con la de un hombre con sobrepeso. Para Jackson, el padre de la historia debía tener un aspecto estándar y desapercibido.

El choque creativo fue insalvable. Al parecer, director y actor apenas habían hablado durante la fase de preproducción, asumiendo ambos que estaban en la misma página.

«Simplemente aparecí en el set y me había equivocado por completo. Me despidieron al instante», confesó Gosling años después en una entrevista.

El resultado final

Las consecuencias de esta épica falta de comunicación fueron fulminantes. Ryan Gosling fue despedido de inmediato y sustituido a toda prisa por Mark Wahlberg. Lejos de enfadarse, el propio actor resumió perfectamente la surrealista situación dejando para la posteridad una frase mítica sobre los fracasos en el mundo del cine:

«Al final del día, me quedé gordo y desempleado.»

Una anécdota gloriosa que nos enseña una lección vital para cualquier entorno laboral: antes de destrozar tu figura a base de batidos de helado, asegúrate siempre de que tu jefe está de acuerdo con la idea.