
Imaginad la escena: un sábado por la mañana, en plena zona de caza pública de Oklahoma, cerca del idílico lago Eufaula. Nuestro protagonista, David Swartout, un cazador de 64 años con más batallitas que un viejo lobo de mar, estaba terminando su jornada en el puesto de ciervos. Hasta aquí, todo normal, ¿verdad? Pues no, porque lo que vino después no lo habría imaginado ni el guionista más retorcido de Hollywood.
David, con la experiencia que le dan los años, descendía tranquilamente de su atalaya. Dio un par de pasos, la mar de confiado, y de repente… ¡zas! Pisó algo. Algo que, a primera vista, parecía un tronco. Un tronco grandecito, sí, pero un tronco al fin y al cabo. Error. Tremendo error. Porque ese ‘tronco’ tenía dientes, mucha mala leche y once pies de longitud. Sí, amigos, nuestro querido David no había pisado una rama caída, sino a un caimán de más de tres metros.
El reptil, ni corto ni perezoso, le propinó un bocado considerable en la pierna izquierda. ¡Menudo susto! David, que no había salido al campo para ser la cena de nadie, reaccionó al instante. No sabemos si fue el instinto, la adrenalina o la pura cabezonería, pero consiguió darle una buena patada al caimán. Y, milagrosamente, el bicho soltó su presa y se escabulló. Parece que el caimán tampoco esperaba una resistencia tan… ¡humana!
Con la pierna dolorida y dos heridas punzantes que, por suerte, no eran de gravedad, David contactó con el Departamento de Conservación de Vida Silvestre de Oklahoma (ODWC). Los guardas de caza no tardaron en aparecer. Tras un despliegue de ingenio (y seguramente algo de sudor), localizaron y capturaron al caimán ‘confundido’. Para garantizar la seguridad en la zona, el reptil fue sacrificado.
Lo más sorprendente de esta historia no es solo la anécdota, que ya es de traca, sino la actitud de David. A pesar del susto y las heridas, nuestro cazador tiene muy claro que, en cuanto se recupere, volverá al monte. Parece que un mordisco de caimán no es suficiente para quitarle las ganas de ir a por ciervos.
Así que, moraleja de la historia: la próxima vez que salgáis al campo, especialmente cerca de zonas acuáticas, aseguraos bien de que ese ‘tronco’ que pisáis es, efectivamente, un tronco. ¡Que nunca se sabe con qué sorpresas nos puede deleitar la naturaleza!
