
Imaginemos la escena: luces estroboscópicas, el sonido estridente de la sirena del premio gordo, y la pantalla mostrando un número que podría cambiarte la vida: ¡1.2 millones de dólares! Así fue el momento de gloria de nuestro protagonista en el Bally’s Casino de Atlantic City. El confeti virtual volaba, la adrenalina estaba por las nubes, y probablemente ya estaba diseñando mentalmente cómo sería su vida de nuevo millonario. ¿Un coche deportivo? ¿Un viaje épico? Todo parecía perfecto.
Pero, como sucede a menudo en las historias de mala suerte cósmica, la realidad es mucho más tozuda. Seis meses han pasado desde aquella memorable noche y el ganador sigue con los bolsillos tan vacíos como antes de sentarse en la silla de la tragaperras. ¿La razón que esgrime el casino para no soltar la pasta? La vieja excusa de que la máquina tuvo un ‘código de inclinación’, o lo que es lo mismo, un fallo técnico.
Es la versión del casino de: ‘Sí, tu pantalla dice que has ganado, pero nuestra máquina estaba de morros y se equivocó’. Para los responsables de Bally’s, todo indica que el premio jamás existió realmente, siendo tan solo un error visual de la máquina juguetona. Es decir, que si la tragaperras te quita dinero, está haciendo su trabajo; pero si te lo da, automáticamente se convierte en un aparato defectuoso. La ironía aquí es tan espesa que se puede cortar con cuchillo de untar.
El ganador, comprensiblemente, no está dispuesto a aceptar este golpe de gracia burocrático. Tras medio año de espera y excusas, la cosa ha escalado a la vía legal. Porque claro, una cosa es perder por azar y otra muy distinta es que te quiten la gloria de un premio legítimo, solo porque la administración considera que 1.2 millones de dólares es demasiado dinero para soltarlo sin un drama legal de por medio. La próxima vez, quizás deba ganar lo suficiente para comprar directamente la máquina, solo para asegurarse de que funcione bien.
