
En Mánchester, la vida de Anne Cowley, una señora de 72 años, ha dado un giro inesperado… ¡y no precisamente para bien! Imagina la escena: te levantas por la mañana, te preparas un café y, al mirar por la ventana, descubres que la entrada de tu casa ha desaparecido. Sí, has leído bien. No es una broma, ni el guion de una comedia de enredos, sino la surrealista realidad que Anne vivió en Swinton, Greater Manchester.
El pasado viernes, al abrir los ojos, la señora Cowley se encontró con un panorama desolador: donde antes había un elegante camino de asfalto de unos 6 metros de largo por 3 de ancho, ahora solo quedaba un revoltijo de tierra, barro y piedras. Su entrada, por la que había pagado la friolera de 3.000 libras en 2008, se había esfumado como por arte de magia. O, más bien, por arte de… ¿ladrones de asfalto?
La historia coge un cariz aún más disparatado cuando te enteras de cómo ocurrió la hazaña. Entre las 9:45 de la noche del jueves y las 8:30 de la mañana del viernes, unos maleantes con un ingenio digno de una película de Ocean’s Eleven decidieron llevarse el pavimento. Pero no lo hicieron a escondidas, en plan ninja sigiloso. ¡Qué va! Se hicieron pasar por auténticos profesionales.
Un vecino, que vio a tres hombres con chalecos reflectantes, palas, picos y una furgoneta de plataforma, no sospechó ni lo más mínimo. ¿Por qué? Pues porque los tipos parecían estar «trabajando» diligentemente, como si estuvieran haciendo una obra legal y en toda regla. Los cacos incluso le dijeron al vecino que estaban «arreglando» la casa de la señora Cowley. Con esa labia y esa puesta en escena, ¿quién iba a dudar? Ni el CSI más avispado se lo habría imaginado.
Ahora, Anne se ha quedado con una entrada que es «una pista muy difícil, rocosa y embarrada», lo que le impide aparcar su coche y le dificulta enormemente el acceso a su hogar. La Gran Policía de Mánchester está investigando el caso, intentando dar con los autores de este ¿hurto? ¿atraco? ¿desfalco? de carretera. El coste de reponer el asfalto podría ascender a entre 4.000 y 5.000 libras, una cifra considerable para una persona mayor.
Este incidente nos deja pensando: si ya roban entradas de casa, ¿qué será lo siguiente? ¿Las baldosas del baño? ¿El césped del jardín? Desde luego, estos ‘profesionales’ del crimen organizado no dejan de sorprendernos. A la pobre Anne le queda el consuelo de saber que su historia es tan insólita que ya está dando la vuelta al mundo. Aunque preferiría tener su asfalto, claro.
