Cuando el Ejército te manda pedir un préstamo para comer en el frente

0
0

Imagina esta escena: estás desplegado en Bagram, Afganistán, jugándote el tipo por la patria, y de repente, tu gobierno decide que es un buen momento para una pelea política con el presupuesto. Hablamos, por supuesto, del famoso cierre administrativo (Government Shutdown) de 2013 en Estados Unidos, un clásico de la tragicomedia política transatlántica.

El resultado de este berrinche presupuestario fue que el pago a una gran cantidad de personal federal, incluidos los soldados en activo, quedó en el limbo. Y aquí es donde la situación pasó de ser incómoda a puramente surrealista. La guarnición del Ejército de Estados Unidos en Bagram emitió una especie de manual de supervivencia financiera para sus tropas. ¿El consejo principal? Que buscaran maneras de conseguir dinero para no morirse de hambre.

Los soldados, que se supone que están centrados en la seguridad global, de repente tuvieron que empezar a hacer malabares para pagar sus facturas. El comunicado oficial sugería que recurrieran a organizaciones como la Sociedad de Socorro de la Armada y el Cuerpo de Marines (Navy-Marine Corps Relief Society) o el Socorro de Emergencia del Ejército (Army Emergency Relief) para conseguir préstamos sin intereses. Es decir, que el propio Ejército les estaba diciendo: ‘Lo sentimos, chicos, la nómina está pillada, id a la beneficencia’.

Pero el clímax del absurdo llega cuando se aconsejó que, si la situación se ponía muy fea, los militares y sus familias podrían ser elegibles para el Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP), conocido popularmente como ‘cupones de alimentos’ o ‘food stamps’. Sí, has oído bien: militares activos, desplegados en una zona de conflicto, potencialmente solicitando asistencia para la pobreza extrema en su país de origen porque el Congreso no se ponía de acuerdo. Un gran aplauso para la eficiencia gubernamental. La verdad es que la burocracia, a veces, parece diseñada por un cómico nihilista.