Si pensabas que lo habías visto todo en el mundo de la política estadounidense, prepárate para una vuelta de tuerca que parece sacada de un relato distópico. Un juez ha dictaminado que las corporaciones, sociedades, fideicomisos y otras entidades artificiales tienen el derecho al voto en determinadas elecciones de Delaware.
El principio de una entidad, un voto
El juez Craig A. Karsnitz ha sido el encargado de rechazar una demanda presentada por la ACLU (Unión Estadounidense por las Libertades Civiles). La organización impugnaba unos estatutos que permiten votar en las elecciones locales a las entidades que poseen la mayor parte de las propiedades en la localidad de Fenwick Island. Lejos de darles la razón, el magistrado desestimó la demanda basándose en el curioso principio de «una persona/entidad/un voto».

Para intentar calmar los ánimos frente a esta decisión que a muchos les resulta surrealista, el juez incluyó en su fallo una peculiar reflexión:
«Las visiones de grandes corporaciones sin rostro o incluso de HAL controlando un pequeño pueblo son aterradoras y materia de ciencia ficción, pero los fideicomisos, asociaciones, sociedades de responsabilidad limitada y corporaciones están expresamente reconocidos como ‘personas’ en el Código de Delaware».
El legado del dinero oscuro en la política
Esta insólita disputa en una pequeña comunidad costera es en realidad un nuevo frente en la larga batalla legal sobre los derechos de libertad de expresión de las empresas. En 2010, la Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó en el famoso caso Citizens United que el gasto político cuenta como libertad de expresión protegida constitucionalmente. Desde que aquel fallo acabó con la regulación de la financiación de campañas, la posibilidad de que las empresas votaran directamente era un chiste recurrente entre los comediantes. Ahora, la realidad ha superado a la sátira.
Delaware: el paraíso corporativo
Que esto ocurra en Delaware tiene todo el sentido del mundo. Este estado es conocido por ser un refugio fiscal y legal, hasta el punto de que alberga más empresas registradas que personas físicas. Las leyes del estado consagran la personalidad corporativa, algo comprensible si tenemos en cuenta que Delaware depende económicamente de los miles de millones que recauda anualmente de sus más de 2 millones de entidades comerciales registradas.
El juez concluyó finalmente que la demanda no lograba demostrar discriminación partidista, ni evidenciaba que los propietarios corporativos votaran en bloque para derrotar a los candidatos preferidos por las personas naturales. Así que, al menos en este rincón del país, tu vecino de urna podría ser perfectamente una sociedad anónima.




