
¡Agárrense, que vienen curvas! Corría el año 2016, y Conor McGregor, en la cima de su juego, acababa de hacer historia en el UFC 205. No solo se había cargado a Eddie Alvarez, sino que se había convertido en el primer luchador en la historia de la compañía en ostentar dos títulos mundiales de peso simultáneamente. ¡Una barbaridad! La adrenalina seguía por las nubes, los flashes disparaban sin piedad y la euforia era palpable. Pero, como buen McGregor, el show no acababa en el octágono. Lo mejor estaba aún por llegar en la rueda de prensa post-combate.
Con el cinturón de peso ligero recién conquistado y el de pluma bien brillante, McGregor no se cortó un pelo. Tras unas merecidas palabras sobre su victoria, la conversación giró hacia el elefante en la habitación: la reciente venta de la UFC por la friolera de 4 mil millones de dólares a Endeavor (en aquel momento WME-IMG). Y ahí es cuando Conor soltó la bomba, con esa confianza que solo él tiene. «Quiero un trozo de la compañía», declaró sin pestañear. «Quiero 100 millones de dólares en acciones». Sí, habéis leído bien, ¡cien millones! El tipo acababa de romper récords y ya estaba pensando en la junta directiva.
Su lógica, ojo, no carecía de su particular encanto. «Los antiguos dueños, los Fertittas, Lorenzo y Frank, salieron por 4 mil millones. Así que 4 mil millones: mil millones, mil millones, mil millones, mil millones. ¿Dónde está mi parte? ¿Dónde están mis acciones? ¡Quiero mi parte!». El irlandés, con esa labia que le caracteriza, insistió en que quería ser «parte de la propiedad» y un «socio verdadero», al estilo de los Fertitta. Vamos, que no le bastaba con reventar récords y llenar los bolsillos de la UFC; quería ser uno de los que reparten la tarta.
Y por si el drama no era suficiente, añadió que se tomaría un merecido descanso porque «estaba a punto de ser papá». Un respiro para cambiar pañales, sí, pero con la mente puesta en ser accionista de la liga de lucha más grande del mundo.
¿Y cómo reaccionó el bueno de Dana White, presidente de la UFC, a esta petición tan ‘modesta’? Pues con un buen ataque de risa, ni más ni menos. Cuando los periodistas le preguntaron por la exigencia de McGregor, Dana soltó una carcajada que resonó por toda la sala y zanjó el tema con un rotundo: «Él no va a conseguir 100 millones». Y ya. Sin rodeos. Con esa sonrisa irónica que le caracteriza. Confirmó, eso sí, que McGregor se tomaría su tiempo libre, pero ni una palabra sobre cuándo volvería ni si tendría que ceder alguno de sus flamantes títulos.
Así que ahí lo tenéis: el campeón que lo quiere todo, literalmente, y el presidente que le pone los pies en la tierra de un plumazo. Una anécdota que define a la perfección el carisma, la ambición desmedida y, por qué no, el toque de humor involuntario que a menudo acompaña las hazañas de ‘The Notorious’. Una historia para enmarcar en los anales del deporte y las negociaciones… o de los sueños húmedos de los luchadores.
