
En el Reino Unido, cuando llega el Martes de Carnaval, las tradiciones se vuelven un poco… pegajosas. Londres ha vuelto a ser el escenario de las ya legendarias carreras de tortitas, un evento donde el protocolo se queda en casa y lo que prima es la habilidad de no estampar un pedazo de masa contra el asfalto.
Sartenes, disfraces y mucha velocidad
Imagina la escena: personas ataviadas con delantales, gorros de chef e incluso disfraces de lo más variopintos, corriendo como si les fuera la vida en ello. Pero hay truco. No basta con llegar primero a la meta; hay que demostrar una destreza digna de un estrella Michelin mientras se voltea la tortita en la sartén. Si la tortita toca el suelo, el drama está servido y las opciones de victoria se esfuman entre risas del público.
Políticos en apuros gastronómicos
Lo más llamativo de la jornada es ver a miembros del Parlamento y periodistas de renombre sudando la gota gorda en los alrededores de Westminster. Las tensiones políticas se olvidan por un momento para centrarse en lo verdaderamente importante: que el pancake dé una vuelta completa en el aire. Es, probablemente, el momento del año en el que los británicos se toman menos en serio a sí mismos, convirtiendo una receta de cocina en un deporte de alto riesgo para el orgullo personal.
Este evento no solo busca las risas, sino que mantiene viva una tradición que se remonta a siglos atrás, demostrando que en Londres, incluso para correr, siempre hay tiempo para un buen desayuno.
