Carnero de película: el ‘Ariete’ que asaltó un supermercado escocés y se fue de rositas

Carnero de película: el 'Ariete' que asaltó un supermercado escocés y se fue de rositas
Un carnero con ganas de juerga protagonizó un 'atraco' de película en un supermercado Co-op de Escocia, arremetiendo contra sus puertas automáticas antes de entrar y salir tranquilamente. El incidente, captado por CCTV, dejó daños por 500 libras y al personal atónito ante la descarada fuga del ovino.
0
0

Agárrense, que vienen curvas, o mejor dicho, cornadas. En el pequeño y apacible pueblo de Jedburgh, en los Borders escoceses, un supermercado Co-op fue testigo de uno de los ‘atracos’ más insólitos, peludos y, sinceramente, desternillantes de la historia reciente. Y no, no fue un oso con ansias de miel ni un ladrón disfrazado de oveja, sino un señor carnero con todas las de la ley, que decidió tomarse la justicia (o las puertas automáticas) por su cuenta.

Según ha podido saberse gracias a la BBC, las cámaras de seguridad del establecimiento captaron la increíble secuencia, que bien podría ser la escena inicial de una comedia de enredo. Nuestro protagonista lanudo, con un ímpetu que ya quisieran muchos deportistas de élite, arremetió con ganas y decisión contra las puertas de cristal en dos ocasiones. ¡Zasca! ¡Zasca! Como si le debieran algo o se hubiera tomado la expresión ‘puerta abierta’ demasiado literalmente, o quizás, simplemente estaba cansado de esperar.

Scott McWilliam, el gerente de la tienda, lo describió con una mezcla de asombro y diversión como ‘una de las cosas más graciosas’ que había visto jamás. Y no es para menos. Después de su demostración de fuerza bruta (y quizá un poco de cabezonería típica de su especie), el carnero, con la chulería de quien ha cumplido su misión, se paseó tranquilamente por el interior del establecimiento. ¿Qué buscaba? ¿Ofertas en lechugas? ¿Un buen queso ‘oveja’? La verdad es que solo se tomó su tiempo, observó el panorama con aire de ‘aquí no ha pasado nada, solo estoy de compras’, y, con la misma calma que entró, salió por donde vino, dejando a los empleados con la boca abierta y las risas contenidas. Un auténtico experto en ‘entrar y salir sin dejar rastro’… o al menos, sin ser atrapado.

La factura de la aventura del ‘ariete’ ascenderá a unas 500 libras esterlinas en daños a las puertas, que ahora deberán lidiar con el trauma post-carnero. La policía, alertada por el incidente (imaginamos que recibieron una llamada de lo más surrealista), acudió al lugar de los hechos. Pero para cuando llegaron, el rumiante fugitivo ya se había esfumado, dejando tras de sí un misterio digno de Sherlock Holmes, pero con más lana y menos pistas. No hubo detenciones, claro está. ¿A quién iban a arrestar? ¿A un carnero con cara de inocente que no dejó huellas dactilares (ni pezuñas)?

Este suceso nos deja una lección importante: nunca subestimes la determinación de un animal aburrido (o hambriento). Y quizá, también, que los sistemas de seguridad de los supermercados deberían empezar a considerar barreras anti-carneros. Lo que está claro es que en Jedburgh, la historia del carnero ladrón que no robó nada, pero lo destrozó todo con su cabeza, pasará a los anales de las anécdotas más disparatadas y ovino-fantásticas.