
Imagina la escena: un día cualquiera, paseando por un bosque inglés de Walkden, Salford, con los peques en plena ‘caza de bichos’ (una tradición muy de aquí, ¿verdad?). De repente, entre la hojarasca, no te encuentras la típica mariquita o el escarabajo de turno, ¡sino cuatro caracoles del tamaño de tu mano! Esto le pasó a Laura Alston, de 37 años, y la verdad es que su reacción de «¡Oh, Dios mío, mirad el tamaño de estos!» es bastante comprensible.
Resulta que estos colosos no son unos caracoles cualquiera, sino unos Caracoles Gigantes Africanos (Achatina fulica, para los amigos más científicos). Y sí, el nombre no engaña: son africanos. ¿Qué hacían en un bosque de Inglaterra? Pues esa es la pregunta del millón, porque no solo son exóticos, sino que pueden llegar a medir hasta 20 cm y vivir una década. ¡Casi nada!
Lo más curioso es que Laura los encontró tan campantes en un táper, con lechuga fresca como si de un banquete se tratara. Claramente, alguien los había abandonado allí, lo cual, además de ser una guarrada, es un problema gordo. Estos bichejos son una especie invasora con un apetito voraz que podría arrasar con la flora local y causar un verdadero desastre ecológico. Por si fuera poco, pueden ser portadores del gusano pulmonar de rata, que, para nuestra desgracia, puede causar meningitis en humanos. ¡Un combo explosivo!
Ante semejante hallazgo, Laura se puso manos a la obra. Intentó contactar con la RSPCA (la protectora de animales de aquí), pero no pudieron atenderla inmediatamente. Luego, tocó la puerta de veterinarios y tiendas de animales, pero la respuesta era la misma: contacta con la RSPCA o con algún rescate de animales exóticos. Desesperada y con cuatro monstruos babosos en casa, Laura recurrió a la sabiduría popular: ¡Facebook!
Y bendito sea el poder de las redes sociales. Una heroína local, Sarah, de ‘Snails and Slugs UK’ (sí, hay un grupo para todo), apareció al rescate. Sarah, una experta en estos moluscos de talla XXL, se ofreció a darles un hogar adecuado. ¡Crisis resuelta!
Así que, sin más dilación, estos cuatro gigantones tienen ahora una segunda oportunidad y, lo más importante, ¡nombres! Atentos: se llaman Larry, Harry, Barry y Gary. Un aplauso para la originalidad, por favor. Ahora vivirán felices y babosos bajo el cuidado de Sarah, lejos de causar estragos en el delicado ecosistema británico y, sobre todo, lejos de poner en peligro a nadie con sus ‘secretos’ parásitos.
La moraleja de esta historia, según la RSPCA (que finalmente sí se pronunció), es clara: si te encuentras con uno de estos, no lo toques sin guantes y, por favor, ¡no los liberes en la naturaleza! Estos caracoles, además de ser hermafroditas y poner cientos de huevos, son un riesgo. Así que, aunque sean bonitos a su manera y tengan nombres molones, es mejor dejarlos en manos expertas. ¡Y que vivan Larry, Harry, Barry y Gary en su nuevo palacio de lechuga!
