Caída ‘nutriesca’ en el zoo de Perth

Caída 'nutriesca' en el zoo de Perth
Un suceso insólito en el zoo de Perth dejó a un niño pequeño dentro del recinto de las nutrias. Sus rápidos padres lo rescataron ileso, mientras que los animales tampoco sufrieron daño alguno. El zoo ha emitido una disculpa y revisa la seguridad, aunque el incidente se resolvió en un pispás y sin mayores consecuencias que el susto.
0
0

¡Atención, amantes de las historias con un puntito de surrealismo! Prepárense porque lo que les vamos a contar desde el zoo de Perth, en Australia, no tiene desperdicio. Resulta que un día de visita cualquiera se convirtió en una aventura digna de película para un pequeño explorador y su familia. Imaginad la escena: estás tranquilamente admirando a las juguetonas nutrias, cuando de repente, ¡zas!, tu retoño decide que la barrera es solo una sugerencia y se cuela en el mismísimo recinto de los ágiles mamíferos. Sí, lo han leído bien, un niño pequeño acabó, por un breve instante, compartiendo espacio con la familia de nutrias.

Afortunadamente, los padres de la criatura demostraron unos reflejos de superhéroe de manual. En lo que se tarda en decir ‘¡cuidado con la nutria!’, el niño ya estaba de vuelta en brazos de sus progenitores, sano y salvo. Un chequeo rápido por parte de los paramédicos confirmó que el pequeño no tenía ni un rasguño, y, por si fuera poco, las nutrias, ajenas a todo el jaleo y probablemente concentradas en sus juegos acuáticos, tampoco sufrieron ningún tipo de altercado. Vamos, que la cosa acabó en un susto mayúsculo, pero sin daños colaterales para nadie, salvo quizás el orgullo de algún que otro guardia de seguridad.

Desde el zoo de Perth, la cosa se ha tomado con la seriedad que requiere cualquier ‘incidente’ (así lo han calificado ellos, con la formalidad que les caracteriza). Han emitido un comunicado disculpándose por lo ocurrido y, como era de esperar, han prometido revisar todas sus medidas de seguridad. Porque claro, aunque papá y mamá resolvieran la papeleta en un abrir y cerrar de ojos, la burocracia y los protocolos mandan. Al fin y al cabo, un cliente que se precipita al hábitat de los animales no es algo que ocurra todos los días, y por muy bien que acabe, siempre hay que darle una vuelta de tuerca a la prevención. Eso sí, esperemos que el pequeño tenga una buena anécdota que contar en el futuro sobre su día de ‘nutria invitada’.