
¿Te imaginas que tu jefe te pide que desenchufes la cafetera por la noche para ahorrar en la factura de la luz? Pues esto es exactamente lo que les pasó a los trabajadores de un departamento del gobierno australiano. En un giro digno de guion de comedia, el departamento de Servicios Humanos en Canberra, responsable de las TI federales, recibió un ‘empujón’ para ser más eficiente.
La directriz, que venía del mismísimo Departamento de Hacienda y Finanzas y de un informe de la Oficina Nacional de Auditoría, era clara: había que reducir el consumo de energía en modo ‘standby’. ¿Y cómo? Pues, según el memorándum inicial, apagando por completo todo electrodoméstico de cocina. Sí, sí, desde la venerada cafetera que les da la vida a primera hora, hasta los microondas, tostadoras y, agárrate, ¡las neveras! Todo bien apagadito al final del día.
Claro, la noticia no tardó en correr como la pólvora (y no precisamente por la tostadora). Los empleados, entre risas y un poco de estupefacción, empezaron a comentar la ‘genial’ iniciativa. Y es que, siendo sinceros, el departamento en cuestión gasta la friolera de 10 millones de dólares australianos al año en electricidad, un coste que se disparó un 30% en un año debido a nuevos centros de datos y equipos de TI. Así que, con esa cifra en mente, ¿la solución? ¿Desenchufar la cafetera? Un poco como intentar vaciar el océano con una cuchara, ¿no?
Ante el revuelo mediático y la inevitable mofa, la cosa se ‘suavizó’ rápidamente. Un portavoz del departamento salió a decir que no, que no era una orden, ¡solo una ‘recomendación’! Pura flexibilidad para que los empleados se sintieran ‘animados’ a adoptar ‘mejores prácticas’ para ahorrar energía. Vamos, que la cosa pasó de ‘¡Apagad ya todo!’ a un sutil ‘Oye, si no te importa mucho, igual podrías apagarlo, ¿eh?’. La intención era buena: ahorrar dinero, reducir emisiones de carbono y cumplir con las certificaciones de eficiencia energética. Pero la forma… bueno, la forma dejó alguna que otra imagen en la mente de los empleados, probablemente imaginando un futuro sin su dosis matutina de cafeína. Al final, parece que el ahorro de energía en la oficina gubernamental australiana pasó por el filtro del café y acabó un poco aguado.
