Brujería en Denver: activistas queman orégano en un caldero para exigir la publicación de los archivos de Epstein

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Cuando creías que las protestas políticas ya no podían sorprenderte, llega un grupo de ciudadanos en Denver y decide cambiar las clásicas pancartas por calderos, incienso y conjuros. El pasado sábado, el pabellón del parque Cheesman se convirtió en el escenario de un inusual ritual esotérico con un objetivo muy terrenal: forzar al gobierno de los Estados Unidos a publicar los archivos sin censura del difunto delincuente sexual Jeffrey Epstein.

Mujer quemando hierbas durante un ritual en Denver

La extravagante iniciativa fue obra del Trash Heap Collective, un grupo asiduo a las manifestaciones locales que no tiene ningún complejo en abrazar su lado más extraño. Liderados por su maestro de ceremonias, conocido como JoJo —un personaje que suele vestir trajes de colores chillones y documentar las protestas al estilo gonzo para redes sociales—, el grupo decidió que si la presión política tradicional no funcionaba, tal vez la magia negra sí lo haría.

Magia, sal y conjuros contra la élite política

Bajo la atenta dirección de Jennifer Bradley, encargada de oficiar el ritual, unos dieciocho asistentes se congregaron en un círculo delimitado previamente con sal para ahuyentar las malas energías. En el centro, un pequeño altar sobre el suelo exhibía los ingredientes clave de la ceremonia, dignos de un buen guiso pero destinados a propósitos mucho más oscuros.

«La verdad, no mentiras, de los pedófilos. ¡Exijo que se publiquen los archivos de Epstein!», coreaba el místico grupo mientras alimentaban el fuego del caldero.

El kit de brujería: ¿qué necesitas para maldecir a los poderosos?

Para llevar a cabo su particular Baneful Magick (una rama de la brujería enfocada en maleficios y castigos), los manifestantes utilizaron una curiosa lista de la compra:

  • Hojas de orégano: Los asistentes escribieron los nombres de figuras implicadas en el escándalo sobre las hojas y las arrojaron al fuego. El objetivo mágico era claro: «quemar las lenguas de los mentirosos».
  • Cebollas e incienso: Utilizados como ofrendas sacramentales para aportar protección y purificación frente a las fuerzas del mal.
  • Invocaciones a los ancestros (y a Satán): Aunque la líder del ritual aclaró que el objetivo principal era pedir ayuda a los antepasados para castigar a los culpables, algunos asistentes, ni cortos ni perezosos, decidieron ir sobre seguro y pedirle ayuda directamente a Satanás.

Una lista de invitados VIP (y un cosplayer inesperado)

El hartazgo de estos manifestantes tiene raíces profundas. A pesar de que el Departamento de Justicia liberó millones de páginas sobre el caso Epstein a principios de año, los nombres clave siguen censurados. En las llamas del caldero no solo resonó el nombre de Donald Trump; también se hizo referencia a las conexiones sospechosas de otras figuras de poder como Bill Gates, Bill Clinton e incluso Kimbal Musk, hermano de Elon Musk.

De hecho, un artista anónimo ya había estado calentando el ambiente erigiendo estatuas frente a la Casa Blanca para burlarse de la amistad entre Trump y Epstein, mostrándolos tomados de la mano en una pose romántica digna de la película Titanic.

Pero el toque maestro de la jornada mágica en Denver lo puso un asistente que decidió presentarse vestido como el mismísimo Jeffrey Epstein. Ataviado con un mono naranja de presidiario, una peluca gris y un enorme cartel tipo hombre-anuncio, el manifestante se paseó por el lugar afirmando que «acababa de llegar de Tel Aviv», en un guiño satírico a las infinitas teorías de la conspiración de internet que aseguran que el magnate sigue vivo y protegido en el extranjero.

Mientras el gobierno decide si publica o no los nombres que faltan, algo queda claro: en Denver, a falta de transparencia política, siempre les quedará el orégano.