Un bar en miniatura para cuervos que ya tiene clientela fiel

Bar en miniatura The Crow Bar con botellas de juguete y un cuervo posado en un patio de Portland
El «Crow Bar» de Rachael Harms Mahlandt, con un cliente habitual. Vía @pdxdinorama.
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La artista Rachael Harms Mahlandt, de Portland (Oregón, EE. UU.), montó en su patio trasero un bar en miniatura —con barra, botellas de juguete y platitos de cacahuetes— para ganarse la confianza de los cuervos del vecindario. El invento, bautizado The Crow Bar, funciona demasiado bien: los córvidos acuden a diario y algunos ya se presentan con sus crías.

Bar de juguete llamado The Crow Bar con botellas en miniatura y un cuervo posado al lado en un patio de Portland
El «Crow Bar» de Rachael Harms Mahlandt, con un cliente habitual a la izquierda. Vía Rachael Harms Mahlandt (@pdxdinorama).

¿Qué es exactamente el Crow Bar?

Es un bar de juguete montado con mimo: techo negro, espejo al fondo, estantes con botellitas de licor de colores, dos vasos de chupito y un plato de cacahuetes sobre la barra de madera. Al lado, un pequeño comedero pintado de lila. El nombre es un juego de palabras impecable, porque en inglés crowbar significa «palanca». Los cuervos se posan en la plataforma, cogen su ración y se marchan.

«Vienen enseguida al Crow Bar, antes que las ardillas, porque he conectado con ellos. Solo saco comida cuando me están mirando», explica Mahlandt.

¿Por qué los cuervos aceptan el trato?

Porque son de las aves más inteligentes que existen. Los cuervos reconocen y recuerdan caras humanas concretas, algo documentado por el biólogo John Marzluff, de la Universidad de Washington. Cuando alguien los alimenta con constancia, se han documentado casos en los que dejan pequeños «regalos» —botones, llaves, trozos brillantes—, aunque no le ocurre a todo el mundo.

La clave del método de Mahlandt es que solo pone comida cuando los cuervos la observan. Así el vínculo es directo, no quedan sobras para las ardillas y los pájaros asocian el festín con ella. No es muy distinto de otros cuervos que reaprovechan lo que encuentran con un descaro asombroso.

¿Quién está detrás del bar para pájaros?

Mahlandt no es una aficionada cualquiera: es la creadora del Worldwide Sidewalk Joy, un movimiento que arrancó en Portland en 2022 para llenar las aceras de pequeñas dosis de asombro y comunidad. El Crow Bar es su versión emplumada de esa misma idea: un gesto minúsculo que genera una relación real, como esas aves que eligen quedarse cerca de las personas.

¿La moraleja? Que para hacer amigos a veces basta con abrir un bar. Aunque tus clientes tengan plumas y paguen la ronda con una llave perdida.

Vía Laughing Squid.