
Viajar en avión puede ser estresante: el espacio reducido, la comida con sabor a plástico y los ronquidos del compañero de asiento. Pero lo que vivieron los pasajeros del vuelo de Qantas entre Melbourne y Dallas cruzó directamente la frontera hacia el guion de una película de zombis de serie B.
El aperitivo que nadie pidió a bordo
El pasado viernes 15 de mayo, lo que prometía ser un tranquilo viaje transpacífico se transformó en un caos absoluto. A miles de metros de altura, un individuo perdió por completo los papeles. En lugar de quejarse educadamente de las turbulencias o pedir un zumo de tomate extra, el hombre optó por una vía mucho más troglodita: mordió a un tripulante de cabina.

Pasajeros al rescate
Ante semejante escena, digna del mismísimo Drácula, los allí presentes no se quedaron de brazos cruzados. Las crónicas relatan cómo un grupo de viajeros tuvo que abalanzarse sobre el agresor para reducirlo y atarlo a su butaca, evitando que el menú degustación humano fuera a más.
El incidente provocó tal altercado que los pilotos tomaron una decisión drástica en pleno vuelo:
- Giro de emergencia en el radar para cambiar la ruta original.
- Desvío inmediato a Papeete, la paradisíaca capital de la Polinesia Francesa.
- Entrega del pasajero con tendencias caníbales a las autoridades locales de la isla.
Las consecuencias de volar con demasiada hambre
Evidentemente, las autoridades francesas lo estaban esperando a pie de pista. Por su parte, la aerolínea australiana no se ha andado con miramientos y le ha impuesto al pasajero una prohibición vitalicia de volar en cualquiera de sus aviones comerciales.
«La seguridad de nuestros clientes y nuestra tripulación es nuestra prioridad número uno y tenemos cero tolerancia hacia el comportamiento perturbador o amenazante en nuestros vuelos», declaró tajantemente un portavoz de Qantas a los medios.
Esperemos que, al menos en la comisaría de Tahití, le hayan dado algo de picar antes de interrogarlo para que ningún agente acabe con una marca de dientes de recuerdo.
