10 datos totalmente reales que parecen inventados

10 datos totalmente reales que parecen inventados
Descubre esta alucinante lista de curiosidades históricas y de la cultura pop que suenan a pura ficción, pero son cien por cien verídicas. Desde el contrato millonario de Jack Nicholson como el Joker hasta el deprimente final ecológico de la mítica serie Dinosaurios.
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10 realidades que te van a dejar con la boca abierta

  1. El lucrativo (y odiado) negocio de los recargos en Blockbuster

    Si naciste antes del milenio, seguro que recuerdas la tensión de tener que devolver una cinta VHS o un DVD a tiempo al videoclub. En su apogeo en el año 2000, Blockbuster se embolsó nada menos que 800 millones de dólares solo en multas por retraso. Esa penalización que todos odiábamos a muerte representaba el 16% de sus ingresos anuales. Aunque en 2004 intentaron eliminar esta práctica para poder competir con un emergente Netflix, tuvieron que recular rápido porque la gente, sencillamente, se quedaba con las películas de estreno para siempre. ¡El karma es implacable y ya sabemos todos cómo terminó la franquicia!

  2. La nostalgia por épocas pasadas es más vieja que andar palante

    Ahora todos suspiramos por la estética y moda de los años 90, pero resulta que en la década de 1920 hacían exactamente lo mismo… ¡con la década de 1890! Veían esa época como un periodo muchísimo más sencillo, romántico y sin preocupaciones en comparación con la vertiginosa y ruidosa modernización del siglo XX. De hecho, popularizaron el término «The Gay Nineties» para romantizar aquellos años, lo que influyó enormemente en la cultura y en el cine posteriores. Hasta la famosa cadena de restaurantes TGI Fridays basó su decoración original en esta falsa nostalgia noventera… del siglo XIX.

  3. Las «Buenas Vibraciones» costaron un buen pico

    El temazo «Good Vibrations» de los míticos Beach Boys es una obra maestra indiscutible de 1966, pero también una de las canciones más caras jamás producidas. El genio Brian Wilson se lo tomó tan en serio que utilizó el estudio de grabación como si fuera un instrumento más, tardando meses en grabarla por pequeñas secciones en distintos estudios y contando con docenas de músicos de sesión. El coste final rondó entre los 50.000 y 75.000 dólares de la época (lo que hoy equivaldría a entre 400.000 y 700.000 pavos). ¡Salió más cara que todo el álbum entero de Pet Sounds!

  4. El dramático y traumático final de la serie Dinosaurios

    Si creciste en los 90 viendo a la simpática familia Sinclair en Dinosaurios (sí, la del inolvidable y cansino «¡Tú no mami!»), es muy probable que hayas borrado de tu mente su último episodio. Y es bastante normal, porque terminó de forma devastadora y sombría. Tras intentar controlar la naturaleza a la fuerza para lucrarse, las grandes corporaciones desencadenan sin querer una catástrofe medioambiental que bloquea la luz del sol y provoca una edad de hielo mundial. El último plano de la serie nos muestra a la familia entera acurrucada en su salón, esperando su inminente congelación y extinción mientras nieva fuera. Un dramón ecologista de proporciones épicas que nos colaron de rondón en una sitcom familiar.

  5. La Mona Lisa cruzó el charco con escolta de jefe de Estado

    La archiconocida Mona Lisa de Leonardo da Vinci apenas ha salido de territorio francés en su historia moderna, pero en 1963 hizo una excepción mayúscula y se fue de gira diplomática a Estados Unidos. Fue la primera dama Jackie Kennedy quien convenció al presidente francés Charles de Gaulle para que prestara la delicada obra como símbolo de amistad entre ambas naciones. Para cruzar el océano Atlántico a bordo del lujoso transatlántico SS France, le construyeron una caja especial climatizada a medida y le asignaron una seguridad propia del presidente. Al llegar a Washington, el mismísimo John F. Kennedy organizó una ceremonia de bienvenida por todo lo alto, y millones de estadounidenses aguantaron colas kilométricas en Nueva York solo para echarle un vistazo a su misteriosa sonrisa.

  6. Jennifer Lopez no fue la primera en lucir «ese» vestido (pero sí la que rompió internet)

    El espectacular, vaporoso y revelador vestido verde de Versace que lució Jennifer Lopez en los premios Grammys del año 2000 generó una avalancha de búsquedas tal que obligó a los ingenieros de Google a crear, de la noche a la mañana, su famosa herramienta de búsqueda de imágenes. Pero, ¡ojo al dato!, J.Lo no fue la primera en llevarlo puesto. Geri Halliwell (la Spice Girl pelirroja) ya lo había llevado un mes antes en Francia, e incluso su diseñadora, Donatella Versace, lo estrenó en 1999 en la Met Gala. ¡Hasta Sandra Bullock llevó una versión casi calcada! Eso sí, ninguna logró romper internet y cambiar la historia de los buscadores web como lo hizo Jennifer.

  7. El pelotazo millonario de Jack Nicholson como el Joker

    Cuando la Warner le ofreció a un ya consagrado Jack Nicholson hacer de Joker en el Batman de 1989 dirigido por Tim Burton, el astuto actor rebajó su estratosférico salario habitual a «solo» 6 millones de dólares. ¿Se había vuelto loco? Para nada, fue un visionario absoluto. En su contrato exigió llevarse un porcentaje no solo de la taquilla mundial, sino también de todo el jugoso merchandising relacionado con su versión del personaje, algo rarísimo en aquella época. Como la película reventó la taquilla y se vendieron juguetes y camisetas como churros, Nicholson terminó embolsándose la friolera de unos 90 millones de dólares en total. ¡Una jugada maestra digna del mismísimo Príncipe Payaso del Crimen!

  8. El aburrido origen burocrático de la palabra OVNI

    Casi todos solemos pensar que el término UFO (cuyas siglas en español son OVNI) surgió de la cultura popular en 1947 con el famoso incidente de Roswell o los primeros avistamientos de «platillos volantes», pero la realidad es mucho más gris: fue la Fuerza Aérea de Estados Unidos quien se lo inventó en 1952. Buscaban desesperadamente una palabra más técnica, neutra y aburrida («Objeto Volador No Identificado») para referirse a cualquier cosa inusual en el cielo, ya fuera un simple globo meteorológico o un reflejo extraño, intentando así quitarle todo el morbo alienígena a los reportes. Irónicamente, la jugada les salió tan mal y el término se asoció tanto a los marcianitos verdes, que el gobierno estadounidense ahora tiene que utilizar la nueva y aséptica sigla UAP (Fenómenos Aéreos No Identificados) para que la prensa los tome mínimamente en serio.

  9. Ikea empezó vendiendo simples bolígrafos por correo

    Pensar en Ikea hoy en día es pensar irremediablemente en perderse durante horas por pasillos laberínticos llenos de sofás con nombres impronunciables y estanterías baratas, pero en 1943, cuando un jovencísimo Ingvar Kamprad de solo 17 años fundó la empresa en Suecia, su negocio era vender pequeños artículos como carteras, marcos de fotos y bolígrafos por catálogo. No fue hasta 1948 cuando se atrevieron a meter muebles en el inventario. Sin embargo, la verdadera revolución global llegó en 1953, cuando empezaron a vender esos muebles desmontados en prácticas cajas planas para abaratar drásticamente los costes de envío y evitar que llegaran rotos a las casas. El resto de la historia, como todos los que hemos sudado montando una estantería Kallax sabemos de sobra, es pura dominación mundial.

  10. El férreo testamento de Robin Williams que bloqueó una película de Aladdín

    Durante la grabación del clásico de animación Aladdín en 1992, el irrepetible y legendario Robin Williams improvisó tantas genialidades en su papel de Genio (soltando a un ritmo frenético de 30 chistes por minuto) que Disney se quedó con cientos de horas de grabaciones inéditas brutalmente divertidas. Según cuentan los propios ejecutivos de la compañía del ratón, tenían material de sobra para hacer otra película entera del Genio utilizando únicamente sus descartes. Pero aquí viene el gran problema legal: tras la triste muerte del actor en 2014, se descubrió una cláusula muy restrictiva en sus últimas voluntades.

    El testamento prohibía expresa y tajantemente el uso de su «nombre, actuaciones grabadas o grabaciones de voz» durante los 25 años posteriores a su fallecimiento.

    Esta medida fue diseñada específicamente para proteger a su familia de penalizaciones financieras ligadas a ganancias póstumas. Así que, para desgracia de los fans más curiosos, hasta el lejano año 2039 todas esas joyas cómicas permanecerán acumulando polvo bajo siete llaves en la cámara acorazada de Disney.