
El mito de la belleza natural en la Edad de Oro
Siempre hemos creído que las estrellas del Hollywood clásico eran bellezas 100% naturales, moldeadas únicamente por la buena genética y el glamur en blanco y negro. Nada de botox, nada de filtros. Pero… ¡sorpresa! La meca del cine lleva enamorada del bisturí casi desde que se inventó el celuloide. Si pensabas que los retoques estéticos eran un invento de las celebridades modernas, prepárate para descubrir que tus ídolos vintage también tenían el número de un buen cirujano plástico en su agenda.
Las leyendas clásicas y sus retoques secretos
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1. Marilyn Monroe: La «maravilla sin barbilla»
Al principio de su carrera, allá por 1949, la icónica Marilyn Monroe escuchó sin querer a alguien en una fiesta llamarla la «maravilla sin barbilla». ¡Qué crueldad! Ni corta ni perezosa, consultó a un cirujano y se hizo un injerto de cartílago. Retrasó una prueba de cámara dos semanas para recuperarse y, al verla, el director supuestamente le soltó:
«Cariño, deberías haberte cortado la barbilla hace dos años».
¡Y así nació un mito!
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2. Mary Pickford: El lifting que salió regulín
La segunda ganadora del Oscar a Mejor Actriz, Mary Pickford, se sometió a un lifting facial en los locos años 20. Por desgracia, el procedimiento no salió como esperaba y fue bastante chapucero. Supuestamente la dejó con un aspecto algo «momificado» y con serias dificultades para sonreír. ¡Gajes del oficio en una época sin tanto avance médico!
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3. Clark Gable: Orejas nuevas, sonrisa nueva
El galán de galanes nació con unas orejas bastante prominentes, de esas que parecen de soplillo. Así que Clark Gable pasó por el quirófano para pegárselas un poquito más a la cabeza. Además, para completar el look de seductor impecable, llevaba dentadura postiza. ¡Francamente, querida, nos da igual!
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4. Mamie Van Doren: Huir del fantasma del envejecimiento
En 1989, Mamie Van Doren se gastó 10.000 dolarazos en un lifting facial y de ojos. Y su justificación fue pura poesía: de joven vio a una Joan Crawford borracha llevando fatal lo de envejecer, y Mamie se prometió a sí misma que eso no le pasaría.
«Adentro siento que sigo teniendo 20 años. Solo quiero lucir fresca»,
sentenció a la prensa, admitiendo que no quería detener el tiempo, pero sí verse mejor.
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5. Fanny Brice: Nariz nueva desde el Ritz
En 1923, Fanny Brice decidió convertir su prominente nariz en algo «puramente decorativo». Lo más extravagante de todo es que la cirugía duró hora y cuarenta minutos… ¡y se la hicieron en su propia habitación del lujoso hotel Ritz! Una diva total y absoluta.
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6. Hedy Lamarr: La inventora que asesoraba a su cirujano
A medida que envejecía, la brillante Hedy Lamarr se obsesionó con los retoques estéticos. Pero claro, siendo una de las mentes inventoras más brillantes de la historia (gracias a ella tenemos las bases del Wi-Fi), se dice que ella misma le daba ideas a su cirujano plástico para inventar nuevos procedimientos que aún no existían. ¡Pionera hasta en el quirófano!
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7. John Wayne: El vaquero coqueto
El máximo símbolo de la rudeza masculina tampoco se libró de la vanidad. John Wayne se operó los párpados para combatir las dichosas patas de gallo, además de hacerse un estiramiento de cuello y un lifting general para frenar el paso del tiempo. Y como guinda del pastel, usaba peluquines y zapatos con alzas de casi 8 centímetros en sus últimos años.
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8. Rita Hayworth: Borrando sus orígenes a golpe de electrólisis
La historia de la guapísima Margarita Carmen Cansino es bastante triste. Por presión de su primer marido, no solo se cambió el nombre al archiconocido Rita Hayworth, sino que aguantó dolorosísimos tratamientos de electrólisis para cambiar el nacimiento de su pelo y se tiñó de pelirroja con el único objetivo de ocultar sus raíces españolas y parecer menos «Latin» para la industria. ¡Todo por la fama!
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9. Rudolph Valentino: Adiós a las orejas de elefante
El primer gran latin lover del cine mudo tampoco estaba contento con su reflejo. En 1920, Rudolph Valentino se operó las orejas porque, según se cuenta, le molestaba que sobresalieran
«como elefantes salvajes»
. Tras el retoque, volvió a derretir corazones sin distracciones auditivas.
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10. Marlene Dietrich: Tensando al máximo
A medida que sumaba velas a su tarta, la enigmática y divina Marlene Dietrich supuestamente pasó por boxes para «tensar» sus espectaculares rasgos faciales y mantener intacta esa aura de inalcanzable que tanto la caracterizaba.
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11. Judy Garland: Carillas de quita y pon
La eterna Dorothy, Judy Garland, usaba unas primitivas carillas dentales de quita y pon para disimular el hueco natural que tenía entre sus dientes frontales. El drama llegó en los años 50: esas carillas duraban apenas 10 años, y al abandonar la poderosa productora MGM, se vio sin un clavo y ¡no tenía dinero para pagar unos reemplazos!
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12. Burt Lancaster: Remodelación completa
Entre las operaciones médicas necesarias para tratar lesiones físicas y los retoques estéticos puros y duros, Burt Lancaster se hizo un repaso muy serio de chapa y pintura: dientes, cara y cuerpo. El actor lo tenía tan asumido que llegó a bromear con total descaro:
«Lo más real que hay en mi cara son mis ojos»
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13. Joan Crawford: Reentrenando la sonrisa
Una caries traicionera le jugó una mala pasada a Joan Crawford, dejándole demasiada encía a la vista en su sonrisa. ¿La solución de la diva? Se puso fundas en los dientes frontales para que parecieran más largos y deslumbrantemente blancos, y además ensayó metódicamente frente al espejo hasta que aprendió a no levantar tanto el labio superior al sonreír. ¡Autocontrol al milímetro!
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14. Carmen Miranda: Cirugía por culpa de las luces y los abucheos
En 1943, la famosísima reina de las frutas en la cabeza, Carmen Miranda, decidió operarse la cara y la nariz. El detonante fue de lo más variopinto: por un lado, se hartó de que en los estudios le dijeran que sus facciones eran «difíciles de iluminar» frente a las cámaras; por otro, en una vuelta a su Brasil natal la abuchearon en un casino por intentar vender rumba y conga como ritmo puramente sudamericano. Tras ese tropiezo, decidió que era buen momento para pasar por el cuchillo.
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15. Dean Martin: El representante invita a la rinoplastia
Cuando firmó por fin con su agencia de talentos en 1944, a Dean Martin le salió redonda la jugada. Su manager de entonces, Lou Costello, decidió que su nariz necesitaba un arreglo y le pagó de su propio bolsillo la operación. Fueron unos 500 dólares de la época, que ajustados a la inflación actual serían algo así como unos 9.300 dólares. ¡Menudo regalazo de bienvenida al estrellato!
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16. Bebe Daniels: Un pellizquito minúsculo
Según chismorreaba la revista Photoplay allá por 1930, la rutilante estrella Bebe Daniels se hizo «la más pequeñísima revisión en la punta de la nariz». Porque, claro, en el exigente mundo de Hollywood, hasta un milímetro de cartílago desviado es un absoluto asunto de estado.
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17. Vivienne Segal: Cartílago de oreja directo a la nariz
La actriz Vivienne Segal deseaba con todas sus fuerzas dar el gran salto de los escenarios teatrales a la gran pantalla, pero parece ser que su nariz original no terminaba de dar bien a cámara. Así que en los años 30, el ingenioso Dr. Josif Ginsburg le sacó un pedacito de cartílago de la oreja y se lo injertó en el tabique nasal para enderezarlo. ¡El reciclaje anatómico en su máxima expresión!
