
Si eres de los que devoran documentales sobre castillos, tesoros perdidos y dinastías antiguas, sabrás que la vida en palacio no era precisamente un cuento de hadas. Es fascinante ver cómo funcionaba el mundo en el pasado, pero sobre todo, resulta escalofriante descubrir lo oscura y despiadada que podía llegar a ser la gente con poder. Conocemos de sobra a los reyes y reinas que trajeron reformas progresistas o ganaron guerras épicas, pero… ¿qué pasa con aquellos que cometieron atrocidades dignas de una película de terror y a los que directamente se les fue la olla?
Hemos escarbado en los rincones más macabros del pasado para traerte a 11 monarcas que hicieron cosas verdaderamente perturbadoras y cuestionables durante su mandato. Advertencia: se avecina una buena dosis de violencia histórica y salseo del oscuro.
1. Calígula: Locura y delirios de grandeza en Roma
El tercer emperador del Imperio Romano es recordado como el gobernante más tiránico de la historia de Roma. Aunque al asumir el trono con 25 años fue aclamado por eliminar impuestos injustos y dar bonificaciones, todo se torció unos meses después tras una grave enfermedad. Sobrevivió, pero se dice que perdió completamente la cabeza. Ejecutó a sus aliados políticos, como el prefecto que le aupó al poder, y a su primo, el heredero al trono. Su comportamiento era tan errático y cruel que le encantaba recordar su estatus con una frase lapidaria:
«Recuerda que tengo el derecho de hacer lo que sea a quien sea.»
Para rematar su excentricidad, Calígula se paseaba en público disfrazado de distintos dioses, convencido de que él mismo era una deidad viviente. Tras agotar el tesoro del estado, se dedicó a extorsionar a los ciudadanos ricos y a saquear la Galia, ganándose a pulso el odio generalizado.
2. Leopoldo II de Bélgica: El tirano del Congo
Este rey belga se vendió al mundo como un filántropo ansioso por llevar el cristianismo y la civilización a África. Bajo esta careta de bondad, convenció a líderes locales para que le cedieran territorios y logró que Occidente reconociera la actual República Democrática del Congo como su propiedad privada absoluta: el famoso Congo Free State. ¿Su verdadera intención? Amasar una fortuna descomunal.
Su régimen fue una auténtica carnicería. Para demostrar que no malgastaban munición en balde, se exigía a sus soldados que presentaran una mano amputada por cada rebelde asesinado. La recolección de cestas llenas de manos mutiladas es una de las imágenes más terroríficas de su mandato. Entre el hambre, las enfermedades y la brutalidad, la población congoleña se redujo de manera espeluznante entre 1880 y 1920.
3. Reina Ranavalona I: La defensa letal de Madagascar
Asumió el trono del Reino de Imerina (actual Madagascar) en 1828 tras la muerte de su marido, el rey Radama I. Al ver cómo las potencias europeas intentaban clavar sus garras coloniales en la isla, Ranavalona I no se anduvo con chiquitas: inició una purga extrema de cualquier influencia extranjera. Su método estrella era la infame prueba de la tangena, un juicio donde el acusado debía beber veneno. Si no mostraba reacción, era inocente; si caía muerto, pues culpable. Miles fallecieron bajo esta dudosa justicia.
Además, impuso un sistema de trabajo forzado para sus ciudadanos como forma de pagar impuestos. Se estima que la población de Madagascar se redujo en un impresionante 50% durante su oscuro reinado.
4. Enrique VIII: El terror de sus esposas (y de la Iglesia)
Conocido mundialmente por haber coleccionado seis esposas a lo largo de su vida, el rey inglés es responsable de la muerte de unas 57.000 personas durante sus 36 años en el trono. Su caso más sonado fue el de Ana Bolena, la mujer por la que rompió con la Iglesia de Roma para poder casarse. Sin embargo, cuando Ana fracasó en darle un hijo varón, la acusó de infidelidad con cinco hombres y acabó sentenciada a muerte en la Torre de Londres.
Su separación de la Iglesia Católica tampoco fue un camino de rosas. Tras ser nombrado cabeza de la Iglesia de Inglaterra gracias a su consejero Thomas Cromwell, mandó ejecutar sin contemplaciones a todo aquel que no reconociera su nuevo y absoluto poder.
5. Iván IV ‘El Terrible’: El zar de la paranoia
El primer zar de Rusia no se ganó su apodo por ser simpático. Aunque de joven trajo reformas y amplió los dominios de Moscú, Iván el Terrible pasó a la historia por su incontrolable brutalidad y paranoia aguda. Creó a los Opríchniki, una especie de guardia pretoriana personal que instauró un reino del terror de siete largos años, eliminando a cualquiera que el zar considerara un traidor (especialmente nobles de alto rango).
Más tarde envió a varios monasterios listas con los nombres de más de 3.000 de sus víctimas para que rezaran por ellas. Su inestabilidad mental llegó a un punto de no retorno cuando asesinó a su propio hijo en un ataque de rabia y masacró a miles de personas en Nóvgorod por una supuesta conspiración que, según los historiadores, solo existía en su imaginación.
6. Juan I de Inglaterra: El rey que mataba de hambre
Este monarca, que finalmente fue forzado a firmar la Carta Magna por abusar demasiado de su poder, tampoco era precisamente un santo. Rompió por completo el tabú del cautiverio honorable cuando hizo desaparecer a su sobrino y gran rival, Arturo de Bretaña. Pero su crimen más sonado y cruel fue matar de hambre a 22 caballeros en el Castillo de Corfe por haberse negado a rendirse.
También se enemistó de tal manera con el Papa que acabó exiliando a los monjes de Canterbury, lo que provocó su excomunión en 1208. Su ruinosa gestión financiera y sus impuestos abusivos terminaron de encender la mecha entre sus barones.
7. Nerón: Fuego, extravagancia y locura en Roma
El quinto emperador romano, hijastro de Claudio, era sinónimo de descontrol total. Pasaba más tiempo montando escándalos por la calle de noche que dirigiendo el imperio. Hizo ejecutar a su propia madre porque no aguantaba sus intentos de controlarle y mandó asesinar a su esposa Octavia tras enamorarse de otra mujer, Popea.
Pero el punto álgido de su cuestionable currículum fue el Gran Incendio de Roma en el año 64. Aunque no lo provocó, aprovechó las ruinas para empezar a construir un palacio mastodóntico: la Domus Aurea. Cuando los romanos empezaron a sospechar que él estaba detrás de las llamas, Nerón decidió culpar a los cristianos, iniciando una de las primeras y más salvajes persecuciones que le valieron la fama de ser el mismísimo Anticristo.
8. Tamerlán (Timur): El arquitecto de cráneos
Este temible conquistador túrquico comenzó como un simple bandido y escaló hasta convertirse en el terror de Asia Central. Se autoproclamaba el restaurador del Imperio Mongol, pero sus campañas eran básicamente saqueos masivos de proporciones apocalípticas. Su espeluznante marca de la casa tras masacrar ciudades enteras era construir torres gigantescas formadas con los cráneos de sus víctimas.
En su asalto final a Damasco, y tras extorsionar a la población con un gigantesco rescate, dejó que sus tropas sembraran el caos absoluto: violaciones, torturas y esclavitud. Su extrema crueldad quedó curiosamente plasmada en una biografía escrita por uno de los supervivientes a los que esclavizó: un niño de doce años.
9. María I de Inglaterra: La auténtica ‘Bloody Mary’
Hija de Enrique VIII y Catalina de Aragón, María I subió al trono en 1553 con la fijación inamovible de devolver Inglaterra al redil del catolicismo a cualquier precio. Su impopular matrimonio con Felipe II de España fue solo el principio de sus problemas.
Para asegurar que su religión imperase, desempolvó las antiguas leyes de herejía que establecían que los infieles debían morir calcinados. En sus años de reinado, se estima que alrededor de 300 hombres, mujeres y niños protestantes fueron quemados vivos en la hoguera, una auténtica barbarie que le aseguró el histórico y lúgubre apodo de Bloody Mary.
10. Vlad III ‘El Empalador’: El terror de Valaquia
Gobernante militar o príncipe del siglo XV, invirtió ocho años de sangrientas batallas para recuperar el trono de su padre. Una vez cómodo en el asiento, Vlad Tepes decidió que el castigo ejemplar era la mejor forma de gobernar y de mandar un recadito visual a sus rivales.
Su insana costumbre de empalar vivos a sus enemigos y dejarlos clavados en estacas hasta su lenta muerte le hizo leyenda. En 1462, cuando tuvo que retirarse de una batalla ante las fuerzas otomanas, dejó a sus espaldas un bosque macabro con miles de cuerpos empalados para disuadir a las tropas enemigas de seguir avanzando. Un maestro indiscutible del terror psicológico.
11. Papa Clemente VII: Un pontífice envuelto en desastre
Elegido en 1523, el papado de Clemente VII estuvo marcado por una terrible y desastrosa gestión política. Atrapado entre la ambición del emperador Carlos V de España y Francisco I de Francia, decidió aliarse con los franceses por puro miedo. El tiro le salió por la culata cuando los españoles ganaron, capturando al rey francés y obligando al Papa a volver a cambiar de bando deprisa y corriendo.
El caos absoluto estalló en 1527. Un ejército de mercenarios alemanes pro-españoles, cabreados porque no les habían pagado el sueldo, asaltó la capital desencadenando el histórico Saqueo de Roma. Saquearon iglesias, ejecutaron cautivos que no podían pagar rescate, violaron monjas sin piedad y llenaron el río Tíber de cadáveres. Todo bajo el peso de un Papa acorralado que no tuvo más remedio que ceder por completo a las exigencias españolas.
La oscura realidad del trono
Después de repasar este tremebundo historial delictivo, uno casi debe alegrarse de vivir en el presente. Castigos como ser «ahorcado, arrastrado y descuartizado» quedaron atrás, aunque la historia se haya encargado de recordar a estos macabros personajes por los siglos de los siglos. ¿Y a ti, cuál de estos sádicos líderes históricos te parece el más desquiciado de todos?
