Si pensabas que la reforma de tu cocina se estaba haciendo eterna o que el presupuesto de tu fontanero era un atraco, prepárate para lo que está ocurriendo en el Reino Unido. El icónico Palacio de Westminster, sede del Parlamento, está literalmente en las últimas, y el plan para salvarlo es digno de una película de ciencia ficción presupuestaria.
Una factura que quita el hipo
Un informe oficial ha soltado la bomba: la restauración completa del edificio podría alcanzar la friolera de 40.000 millones de libras. Para que te hagas una idea, con ese dinero podrías comprar varias flotas de aviones o, no sé, quizás un país pequeño. El problema es que el edificio es una joya del patrimonio mundial, pero por dentro es una auténtica trampa mortal llena de amianto, tuberías de la época victoriana que revientan día sí y día también, y un sistema eléctrico que reza cada mañana para no provocar un incendio.
¿Sesenta años de obras?
Pero lo más surrealista no es el dinero, sino el tiempo. Si los parlamentarios insisten en no abandonar sus cómodos asientos mientras los obreros trabajan a su alrededor, la obra podría durar hasta 61 años. Sí, has leído bien. Hay políticos que hoy están debatiendo leyes y que probablemente verán el final de la reforma desde el más allá. La opción de mudarse temporalmente a otro edificio acortaría el plazo a unos escasos 12 o 20 años, pero parece que la idea de cambiar de aires no les hace mucha gracia.
Un edificio al borde del colapso
Mientras se ponen de acuerdo, el palacio sigue sufriendo. El riesgo de un incendio catastrófico es constante y las fugas de aguas residuales son el pan de cada día en los sótanos. Se estima que mantener el edificio en este estado de «parcheado constante» ya cuesta una fortuna semanal, por lo que la decisión es urgente. El Reino Unido se enfrenta al dilema de gastar un pastizal ahora o ver cómo su edificio más famoso acaba convertido en un montón de escombros históricos mientras intentan decidir dónde poner el primer ladrillo.




